El documental sobre los 100 años de la revista The New Yorker, periodismo que respira por los poros y no se rinde

Como el Time Square, la revista The New Yorker es un ícono de la identidad neoyorkina. En un mundo que rehuye la lectura de textos extensos -más aún en medios de papel- y en un país en el que la prensa está sometida a tantas presiones del poder, su continuidad es un milagro y un acto de resistencia que comparten los integrantes de la publicación y sus lectores.

En el 2025 que acaba de concluir, The New Yorker cumplió un siglo de vida y la documental disponible en Netflix es una buena manera de celebrarlo, además de una excusa para hacer algunas acotaciones. El medio que cuenta con alrededor de un millón y medio de suscriptores, desde hace un tiempo ha sumado su edición digital.

I. Periodismo como arte

La película gira alrededor del editor David Rennick, quien se refiere a la esencia de la revista: «The New Yorker publica un perfil de 15.000 palabras sobre un músico o una crónica de 9.000 palabras desde el sur del Líbano, intercalado con viñetas humorísticas, jamás tuvo una foto en la portada ni de una chica en bikini, ni de estrellas de cine, y es un éxito»; y muestra la cocina de la misma, cuando toma decisiones en contacto con sus redactores y dibujantes. De la mano de escritores, colaboradores y personajes que pasaron por New Yorker, accedemos a su historia y al presente, la mítica y la mística. «Cada artículo comienza con una gran idea, nuestros escritores la siguen adonde quiera que vaya...», apunta la voz de Rennick.

«La revista tiene que hablar del presente y a la vez ser una expresión de arte atemporal», desliza Francoise Mouly, editora de arte. La documental abunda en definiciones. A un apasionado por el periodismo (sea o no su profesión) lo atrapa hasta poner stop a cada rato, repasarla una y otra vez.

Un apunte del crítico de cine Richard Brody (comenta que ve una película por día en los últimos 40 años), describe su metodología y manías para hacer las reseñas y el cuidado al expresarse: «Hacer una película lleva dos años, verla dos horas, destruirla en un comentario dos minutos y en twitter dos segundos».

El corazón de la reseña es la opinión, lo que sacude el alma, se dice.

Sobre la estructura de la revista, el periodista Nick Paumgarten cuenta que las primeras páginas están reservadas a la sección The talk of the town que incluye pequeñas anécdotas, relatos breves, que abren el apetito, en la que cada uno cuenta una breve historia: un partido de pool con un roquero, una charla con un fotógrafo, a lo que siguen artículos que «arrancan con un final abierto, como quien sale a pescar».

La elaboración de éste último tipo de notas, lo ilustran las imágenes que muestran uno de los gestos más típicos del periodista: Paumgarten sale sin rumbo fijo, a recorrer las calles de Manhattan, apenas con un anotador en la mano, y la consigna de penetrar en que sienten los ciudadanos acerca de como la política divide a la gente. Algunos no quieren contestar, otros no hablan bien inglés, pero finalmente siempre alguien contesta como una mujer que estaba pensando en eso ante la proximidad de reunir a la familia en el día de Acción de Gracias.

The New Yorker es parte del paisaje de la Gran Manzana; menciones a la publicación aparecen en Seinfeld, The Critic; etc… De hecho el documental inicia con Rennick hablando en un talk show acerca del centenario de la revista y hablan entre otros personajes: Jessie Eisenmberg y Sarah Jessica Parker. La actriz de Sex and de City tiene cierto protagonismo y recibe la graciosa alusión (sobre Carrie, su personaje) de parte de la reportera Rachel Syme quien da una miniclase sobre como se hace una entrevista.

La revista fue una creación de Harold Ross-que venía de un pueblo minero de Colorado y no había terminado el secundario, la idea le surge recorriendo una NY de bares clandestinos, espectáculos de jazz en la que se hace amigo de escritores y artistas bohemios. Ross funda The New Yorker junto a su esposa y periodista de The New York Times, Jane Grant.

II – Investigaciones y controversias

A Roos lo seguirá en la dirección Andrew Shawn, quien se planta ante las presiones del poder cuando los periodistas encaran una serie de investigaciones como la generada por una bióloga Rachel Carson que acerca material sobre la mortandad que causa el DDT en los pájaros y los efectos cancerígenos de las fumigaciones, las empresas de agroquímicos reaccionan y hasta el presidente John Kennedy se expresa sobre el tema Se le asigna a aquella movida el origen de la ley de aire limpio y el nacimiento del ambientalismo.

También fue célebre la cobertura de John Hersey sobre la bomba atómica en Hiroshima por el modo periodístico utilizado; asimismo el nuevo director de la revista le hace un lugar al novelista James Baldwin que hará conocer la realidad de los afroamericanos que antes aparecían solo como sirvientes o botones de hoteles. Y Baldwin inspirará a un pequeño Hilton Als que se convertirá en un notable crítico de arte.

Ilustración de una nota de Alls sobre Baldwin quien lo inspiró

Una controversia que cambió la metodología de la revista fue la aparición en tramos de lo que sería el libro A sangre fría, de Truman Capote a partir de ser una pieza de periodismo narrativo que incluyó tramos que, presentados como ciertos, luego el autor reconoció ficcionados. Ello dio lugar a que la revista a partir de allí incluyera un exhaustivo proceso de control y revisión sobre la veracidad de los artículos.

Una característica de The New Yorker (en este aspecto se la puede vincular con lo que fue el diario Críticay mucho después la revista Primera Plana en la Argentina) fue el desfile por sus páginas de célebres plumas como el mencionado Capote, Vladimir Navokov, JD Salinger, David Foster Wallace, John Carver, Philip Roth, Haruki Murakami.

Hay también citas a las tramas que terminaron en las pantallas como Secretos en la Montaña (originalmente un cuento largo publicado en N Yorker) o Los Locos Adams II

III Cambio de cara- polémicas

En la década del 80, la revista es adquirida por S Newhouse quien tras mantener el formato clásico; en el 92 decide dar un golpe de timón contratando como directora a Tina Brown que venía de Vanity Fair cuyo lema al asumir es «que lo sexy sea serio y lo serio sexy».

Brown cambia al autor principal de las viñetas y la estética de la revista, insuflando otra dinámica lo cual repercute en el incremento de ventas, pero en el 98 toma una decisión de la que -expresa en el film- se arrepentirá, la de irse a Talk propiedad de Hervy Weinstein.

Justamente, años luego, el reportero Ronan Farrow (hijo de Mia Farrow) publicará una profunda investigación sobre denuncias por acoso sexual contra Weinstein, que le valdrá a aquel el premio Pullitzer. En la documental, Farrow se refiere a la elaboración de un informe en relación a Elion Mask.

Con sus características tapas, una muy recordada es la de octubre de 2001, que recortaba las Torres Gemelas sobre un fondo oscuro.

La tapa tras el atentado del 11/9

La revista también incurrió en la ironía, a veces cáustica, para provocar o movilizar. Una fuerte polémica suscitó aquella caricatura satírica con Barack Obama vestido como musulmán y su esposa, Michelle, como guerrillera con un fusil. Teniendo en cuenta la tendencia del medio era en realidad una especie de burla hacia los críticos de Obama, aunque causó mucha molestia en el dos veces presidente norteamericano, Michelle y sus asesores, así como suscitó debates entre expertos en comunicación.

Obama-Hillary en 2008, compitiendo por la nominación demócrata

Una cuestión que sacudió a la revista fueron las dos victorias de Donald Trump para llegar a la Casa Blanca lo que generó una desazón (por los valores tan contradictorios con la línea de la publicación que expresa, pero a la vez con la necesidad de comprender el fenómeno). «Porqué la gente cree en lo que cree, es algo que hay que preguntarse y muchos no entienden la camaradería, la comunidad que existe en los actos de Trump a lo que la concurrencia llega como a un recital de rock...al mismo tiempo, cuando el presidente dice cosas sobre como que los extranjeros contaminan la sangre de nuestro país, hacer una comparación con los discursos de Hitler es algo que corresponde hacer», desliza Andrew Marantz del staff de redactores.

Hay que confrontar a la gente con los hechos, y ser temerarios solo cuando la información nos respalda, es la línea que baja desde la dirección de la revista.

Como señala uno de los testimonios, es difícil lidiar con una realidad que es la perdida de fuerza de la idea de que los políticos debían decir la verdad.

Tapa que alude a Trump y su dominio sobre la Suprema Corte

La elaboración de perfiles es otra especialidad de The New Yorker. Uno polémico realizó el conocido trotamundos del oficio Jon Lee Anderson sobre el presidente argentino Javier Milei. En la cinta Anderson -en diálogo con Remnick- apunta al jefe de estado como “the crazy guy”, y en el título lo menciona como el otro Maga (el movimiento liderado por Trump). Aunque no tan favorecido en la crónica, Milei celebró la centralidad que se le dió a su figura en un medio cuya propagación trasciende las fronteras del país del Norte.

Milei subió la nota del NYorker a su cuenta de X

Anderson defiende la necesidad de estar presente en el lugar de los acontecimientos para transmitirle al lector mucho más que una fría retahíla de datos. «Cuando escribo sobre un hecho tengo que olerlo, sentirlo saborearlo».

El director creativo, Nicholas Blechman menciona los cambios que se han aplicado (como los números elzevarianos), aunque -agrega- visualmente la publicación no se ha modificado de modo sustancial.

El editor principal hace una reflexión sobre el desafío que significa la independencia periodística, en un momento en que grandes fuerzas están cediendo al poder de los magnates tecnológicos.

Un lema de The New Yorker la distingue del dicho lo perfecto es enemigo de lo bueno. El mismo reza: Mejor perfecto que hecho.

Trailer:

«En un año se reciben entre siete mil y 10.000 textos de ficción…» indica Debora Treisman de la sección cultura.

Ficha:

Dirección: Marshall Curry.

Música: H. Scott Salinas.

Montaje: Penelope Falk, Zachary Stuart-Pontier.

Entrevistados: David Remnick, Françoise Mouly, Nick Paumgarten, Molly Ringwald, Sarah Jessica Parker, Jon Lee Anderson, Jon Hamm.

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