En la penúltima semana del mes pasado, fallecieron dos destacados periodistas deportivos:: Marcelo Araujo y Ernesto Cherquis Bialo. (Un semblante de sus trayectorias y un texto en primera persona).
Ambos expusieron perfiles muy diferentes: El primero alcanzó el pináculo de su carrera y cierta fama como relator televisivo de fútbol, el otro se destacó como excelso periodista gráfico y comentarista radial, sobre todo de boxeo. Los dos tuvieron una trayectoria no exenta de controversias: Araujo por incurrir en términos a veces chavacanos (aunque receptivos para el público futbolero) otras ingeniosos; en tanto Cherquis fue cuestionado por el viraje que hizo de acérrimo crítico de Julio Grondona a vocero del ex presidente de la AFA, lo cual justificó recibiendo el guiño cómplice de quienes conocen los vaivenes de una profesión tan hermosa como ingrata. Una de las pocas cosas en común, es que ambos se formaron en el Círculo de Periodistas Deportivos (ubicado aún en Rodríguez Peña 628, Capital Federal).
Como virtudes, Marcelo Araujo (1947-2026) supo sintonizar con un cambio de época que dejaba atrás la expresión acartonada y superadora de los relatores de T.V que en el pasado (incluyendo al propio Araujo) se limitaban poco más que a mencionar el nombre de los jugadores. Por su lado, Cherquis Bialo (1940-2026), nacido en Uruguay, fue autor de comentarios antológicos sobre combates de Cassius Clay, Carlos Monzón, Víctor Galindez repletos de anécdotas. Era un notable escritor de retratos.
Más allá de la heterogeneidad del público, contaron con la admiración de franjas etáreas distintas: A MA lo ensalzaron especialmente los jóvenes de los 90, aunque tuvo un alcance más amplio en aquellos televidentes que antes apagaban el volumen del televisor para escuchar el relato radial; en tanto Cherquis encontraba eco en personas de adultas a veteranas que leían sus comentarios aderezados de un vocabulario florido para reflejar escenarios y personajes.
En cuanto a la relación con el idioma: Cherquis fue un orfebre de la palabra escrita a lo que acopló la virtud de poder hablar casi como escribía; en tanto Araujo -como se dijo- resultó un innovador en el relato televisivo, con un estilo polémico que difícil saberlo partió de su improvisación o de la necesidad empresaria (en ese caso de Torneos y Competencias). Probablemente hayan sido una combinación de las dos cosas.

Vaivenes entre la fama y el ocaso
Conocí personalmente a ambos: A Marcelo Araujo lo tuve como profesor de la materia Televisión- en el ESED (Escuela de Ciencas Deportivas que dirigía junto a Fernando Niembro); a Ernesto Cherquis Bialo cuando fui pasante de La Oral Deportiva (1995-6) que él por entonces conducía. Por ello, me tomo como excepción la licencia de intercalar en lo que sigue el racconto de los hechos con la utilización de la primera persona.
Araujo comenzó su carrera siendo muy joven (junto a Mauro Viale) como ayudante de José María Muñoz. En mi niñez lo veía en las transmisiones de Canal 7, en principio de los partidos de reserva (que se jugaban antes del de primera división) en algunas oportunidades le tocaba ser vestuarista. Cuando relataba (porque a veces lo hacía Oscar Gañete Blasco y más adelante Viale) me llamaba la atención su tono de voz, me acuerdo el dejo con que pronunciaba algunos apellidos de la época. Me vienen a mientes «Pitaaarch«, «Letanuu«; ya de adolescente lo escuchaba en radio Mitre como parte del plantel de Sport 80 (*) en el que siempre me pareció que insinuaba una reflexión más profunda que la que en definitiva profería.
A mediados de los 80 a la par de Niembro se embanderaron con Carlos Salvador Bilardo (como heredero de la escuela de Osvaldo Zubeldía). En síntesis defendían el «resultadismo«, por sobre el preciosismo del juego, con el cual se identificaba a Cesar Luis Menotti (una polémica en realidad inflada, aunque su explicación es harina de otro costal).
La etapa de gloria de MA fue Fútbol de Primera, monopolio de las transmisiones de fútbol (sobre todo por canal 13 y T y C en los 90) haciendo dupla con Enrique Macaya Márquez en las que puso de moda muletillas como «Estas crazy, Macaya», «te lo devoraste» «que culo tiene…» o «si lo hace me voy» (cuando estaba a punto de concretarse una jugada y le dejaba completar el partido a un comentarista lo que ocurrió en un par de ocasiones, por ejemplo con Walter Nelson). En esa mecánica alternó hallazgos con excesos (como decir, aunque sea humorísticamente que se lesione un rival de la Argentina).
Luego cuando el gobierno kirchnerista implementó Fútbol para Todos, Araujo fue uno de los que se quedó, aunque sin hacer (como otros) ostentación de un discurso oficialista (**) al igual que su compañero, el legendario Julio Ricardo. En la última etapa de ese proyecto, a MA y a JR los jubilaron.

En mi caso hice la carrera de periodismo deportivo para -después de concluir una carrera terciaria y con una maestría en Ciencias Políticas- cumplir con una asignatura pendiente. Un amigo vio el aviso y quedamos en encontrarnos en la flamante Escuela Superior de Ciencias Deportivas, pero el faltó a la cita, yo me anoté. ¡Me inscribió el mismo Marcelo Araujo¡ (escuché que al periodista Gustavo López de radio La Red le ocurrió lo mismo) que vestía una remera blanca, tipo camiseta.
Según mi experiencia fue un buen profesor en lo relacionado con lo visual; por entonces -me viene a la memoria- yo escribía columnas y reportajes en una revista política, le mostré un artículo y creo que le resultó algo pesado. Yo no estaba entre «sus preferidos» -que él los tenía- pues mi fuerte es el periodismo escrito y el instituto estaba orientado sobre todo a las cámaras y los micrófonos.
De Robinson a Cherquis
En cuanto a Cherquis Bialo, siendo adolescente ya lo admiraba, desde que firmaba como Robinson en El Gráfico. Difícil explicarle a un veinteañero lo que fue dicha revista; para muchos adolescentes se trató de la primera lectura formativa.
Cherquis hizo todos los peldaños de El Gráfico, ingresando en la época de Carlos Fontanarrosa, (quien sucedió en la dirección periodística a Dante Panzeri), integrando una pleyade de notables cronistas (ORO, Vega Onessime, Lucho Hernández, El Veco, etc). Sin dudas fue una de las columnas vertebrales de dicha publicación.

Aquí una muy breve disgresión: Una mañana lo vi a Cherquis en el aeropuerto de Ezeiza, venía de cubrir un evento internacional. Cuando leí su comentario el martes siguiente, me dije «que hermoso trabajo sería ese: llevar a la máquina de escribir y de allí a la páginas las vivencias de nuestros cinco sentidos».
Muchos artículos de Cherquis son clases de escritura.»Hizo falta tanto Frazer, para ver a tanto Ali«, rememoro uno de sus títulos; o la definición: “Hielo en la sangre y fuego en los puños” (citado hace unos días por Walter Vargas para graficar la performance de Carlos Monzón frente a Emile Griffith); o sobre aquella epopeya deportiva de Victor Galíndez ante Richie Kates (por KO en el round 15 tras manchar por sangre de una herida en el ojo la camisa del referee sudafricano) «Mientras agrandaba su imagen (por Galindez) bajo una máscara de sangre que teñía todo de rojo, a Kates parecía achicársele el corazón». Ese match fue el 22 de mayo de 1976, recordado por ser el mismo día en que murió Oscar Bonavena. «El destino une en el espacio asimétrico de la evocación el asesinato de Ringo y la epopeya de Galíndez, quienes quedarán unidos en la memoria. Para siempre», expresó Cherquis quien en más de una oportunidad comentó el momento en que le comunicaron a Galindez el deceso de Bonavena.
Cherquis Bialo participó también en espacios de la pantalla chica en el que se movía a la vez como polemista y showman, tal el caso de Tribuna Caliente del que formaron parte entre otros Guillermo Nimo, Carlos Juvenal, Diego Bonadeo y Garcia Blanco.
Próximamente, reproduciremos en la sección de textos memorables alguno de Cherquis Bialo.

Cuando estuvo a cargo de La Oral Deportiva (el ciclo de Radio Rivadavia conducido por décadas por el Gordo José María Muñoz) a Cherquis -que arrancaba con una larga y meditada editorial- le gustaba aderezar el programa con efemérides políticas y culturales (por ejemplo una noche le preparé una sobre el golpe militar contra Arturo Illía), me mandó a hacer encuestas a los jugadores de San Lorenzo sobre diversos temas; me senté en un bar de La Paternal a hablar con un formador de Argentinos Juniors de los tiempos de Diego Maradona; tuve que hacer un informe sobre los manejos turbios de los representantes, me envió a La Carlota a seguir a un herido en una trifulca de la barra brava de River; y pude relatar una exhibición entre Gullermo Vilas y Bjorn Borg. Para mi un curso acelerado de periodismo.
No se puede obviar el polémico salto de Cherquis que pasó de acérrimo crítico del presidente de la AFA, Julio Grondona, a ser su vocero de prensa. El periodista justificó ese cambio de postura de dos maneras: Si bien había atacado la decisión del jefe de la AFA de ceder a una empresa el monopolio de las emisiones de fútbol por TV por 35 años (lo que calificó de un pacto mafioso), luego elogió su giro cuando el mismo dirigente finiquitó anticipadamente ese contrato para permitir que se implemente Fútbol para Todos, lo cual permitió acceder a ver todos los partidos de manera gratuita.
Hace unos años, con un crudo realismo, el propio Cherquis contó que cuando atravesaba serias dificultades económicas, pudo limar asperezas con Grondona quien al darle trabajo lo salvó cuando estaba en la mala. En esa cruda descripción sobre la profesión, el ex director de El Gráfico aludía de manera ácida a los límites del principismo a cierta edad (cuestión de debate para otra nota).
A poco de concluir mi pasantía en radio Rivadavia me casé (11 días antes hice mi primera cobertura de tenis en Mar del Plata) y no volví a ver a Cherquis.
Pensé varias veces en ir a visitarlo durante su internación, pero algo me frenó. Quizá mi timidez o la distancia de un tiempo lejano al que -en el fondo- me gustaría volver. Con estas líneas, creo que de alguna manera lo hice.
C.R
(*) Sport 80 iba después del mediodía por radio Mitre, además de Araujo integraban el plantel principal Niembro, Néstor Ibarra), Adrián Paenza, Diego Bonadeo, Roberto Eguía, Juan José Lujambio. Al poco tiempo, a instancias de Araujo y Niembro, se sumó Victor Hugo Morales que se destacaba en radio Oriental del Uruguay.
(**) Araujo deslizó en alguna oportunidad sus juveniles ideas de izquierdas y su posterior vuelco al peronismo. A partir de los 90 apoyó al justicialismo en sus variantes del menemismo y el kirchnerismo, pero nunca hizo militancia política, ni participó de movilizaciones partidarias.



