El tenis como arte, ciencia y técnica bajo la lupa de Alejandro Fusilier; las enseñanzas que dejó Felipe Locicero, único profesor que tuvo Guillermo Vilas

En Más allá de la Gravedad, Alejandro Fusilier transmite los principios con que se manejaba Felipe Locicero, el primer y único profesor de Guillermo Vilas.

Además, en las páginas de este libro el autor expone su sapiencia y pasión por nuestro deporte. Un material muy valioso para jugadores, entrenadores, y en definitiva, amantes del tenis.

Uno, dos, tres

-El tenis es una trilogía: física, técnica y mental.

– La concentración es un golpe más y se la debe practicar en los entrenamientos. El yoga es fundamental  para ejercitar la relajación y la concentración.

– El campeón es un 20 % de talento y 80 % trabajo y sacrificio.

Con dichas tres reglas, que lleva el sello de Felipe Locicero detrás de la tercera, Alejandro Fuselier abre el capítulo La Mentalidad Ganadora,, el último de los nueve que integran el libro Más allá de la Gravedad- Los innovadores del tenis mediante el cual Fuchi (como todos conocen al autor) difunde sus amplios conocimientos del deporte de las raquetas, subrayando los que recibió de Locicero, forjador del más grande tenista argentino de todos los tiempos.

Es sabido que a Don Felipe –un autodidacta que se ganaba la vida como peluquero en Rosario- fue  convocado al Náutico Mar del Plata por Roque Vilas -el padre de Willy y presidente de dicho club- para que le enseñe a los alumnos (entre los cuales estaba su hijo) la práctica del tenis. En Quien soy y como Juego, Guillermo Vilas contaba como a las siete de la madrugada, con el frío helado del puerto Felipe, envueltos en una manta de chambre se sentaban a repasar un libro de Bill Tilden, ritual que seguía el pequeño Willy golpeando la ball contra el frontón. (“media hora de frontón equivale a dos de cancha” le decía don Felipe) antes de practicar en el court.

En el texto comentado se recalca que Locicero  no se destacó como jugador de tenis, pero al igual que ,por ejemplo de Nick Bollitieri creador de la academia donde se forjaron Agassi, Sharapova, Sampras y Courier– tuvo una especial habilidad para hacer de polea transmisora de consejos, además de tenisticos de calidad de vida, sosteniendo en tal sentido que la mayor parte de las enfermedades tienen su origen en el estómago por lo que recomendaba una alimentación naturista en base a frutas, verduras y lácteos, además de tomar baños sol, practicar yoga y relajación. Por otra parte. de alguna manera –destaca el autor- Locicero significó un trampolín para la escuela tandilense de tenis que derivó en Juan Martín del Potro.

El autor con el recordado Felipe Lociero

Desde las páginas de esta especie de manual –el texto está acompañado de gráficos y fotógrafías- Fuchi nos lleva desde la historia al presente de una actividad conoce al dedillo. 

El autor, ex tenista, además de director de escuelas de tenis en la Argentina y en el exterior, es ingeniero civil y explica como ciertas reglas de la física se pueden aplicar al otrora deporte blanco, el ejemplar cierra contando un peloteo que mantuvo en el Racket Club con el propio Vilas, a quien conoció de muy chico en el Náutico.

El tenista debe saber como jugar a los ángulos de la cancha

Método y principios

Desde el comienzo Fuchi nos cuenta que adhiere a uno de los cuatro métodos de enseñanza, consistente en ofrecer ejemplos didácticos y trazar analogías con la vida cotidiana.

Luego la obra incurre en un recorrido por el tiempo, explicitando los cambios que ocurrieron desde las raquetas de madera hasta las actuales, así como las modificaciones técnicas y tácticas, ejemplificando con diversos jugadores y difusores. En cuanto a la introducción del estilo moderno el autor destaca a Jack Kramer y algunos de sus postulados como que el nivel de un jugador queda evidenciado en su segundo saque.

Interesante advertir como los sistemas de juego se van renovando o actualizando. Fuchi destaca como el llamado Big Game –juego de ataque propio de tenistas como Rod Laver– fue utilizado más recientemente por Roger Federer. El suizo –desliza Fusilier- cumplía la regla de oro de un jugador de tenis: conseguir el mejor rendimiento con el más bajo esfuerzo.

En la década del 70, mediante Vilas (de la mano justamente de Locicero) y de Bjorn Borg (Lennart Bergelin) prácticamente al mismo tiempo comenzaron e impulsaron la era de los efectos, sobre todo el top spin.   

En cuanto a los efectos, el libro objeto de este comentario, indica como utilizar el top spin o el slice si uno busca conseguir ángulos cortos o largos; como emplear la muñeca, las características del drive y del revés, y como conseguir velocidad en los tiros sin violencias, ni sacudones.

En un párrafo dedicado a los movimientos (timing y flexión) Fuchi recure al principio de acción y reacción, tal como lo fundamentó Locicero.

El Chip and Charge que RG utilizó en la devolución durante la última etapa de su carrera

En uno de los capítulos, el autor describe las etapas que se deben cumplir en un entrenamiento de tenis

En principio podría decirse que todos los tramos de un match son importantes, aunque Fusilier desliza que algunos son muy relevantes desde lo mental como los primeros games del segundo set (para el que se quedó con el primero no relajarse, para el que lo perdió para que el rival no se escape), asimismo, añade: ganar el primer set 6-0 puede resultar traicionero, pues muchas veces no refleja la distancia entre los jugadores.

Sangre caliente vs. sangre fría

Uno de los hallazgos de Fuchi es la división entre tenistas de sangre fría y sangre caliente. Lo curioso es que puede haber cracks en sendas tendencias: Los hay de sangre caliente (Connors Mc.Enroe , Nadal, Graf; Becker, las Williams…), o de sangre fría como Bjorn Borg, apodado “El hombre de hielo”, quizá se podría agregar entre estos a Stefan Edberg o a Tim Henman; y los hay intermedios (una mezcla de “sangres”): Sampras, Federer, Navratilova.

Cuando se sostiene que el tenis tiene mucho de mental se alude a que no es fácil mantener el equilibrio pues “siempre está el peligro de pasar de la garra al nerviosismo, o de la tranquilidad a la apatía.”

De todos modos -apunta el autor- más allá de los genios exuberantes de talento “la base del éxito es la regularidad”.

En cuanto al espíritu de lucha, el libro pone de relieve una afirmación de Nadal previa a la final contra Federer en Wimbledon 2008 (seguramente inspirada en el Tío Toni) “Federer podrá ganarme pero yo no lo voy a perder”. Parece contradictorio, pero no lo es.

Si bien Más allá de la gravedad, dedica gran parte de su contenido a la competencia, también apunta a los amantes del tenis por el placer del juego. “En el tenis todos tenemos cabida, al menos todos podemos disfrutar de un buen impacto  y ser felices jugando, no veinticuatro horas, sino toda la vida”.

Y para practicantes o jugadores que sienten que ya es poco los que se les puede enseñar, el autor advierte casi al cierre del ensayo que la última clase no existe, siempre hay algo nuevo que aprender o mejorar. Eso lo saben, más que nadie, los verdaderos campeones.

Las siguientes son algunas de las fotos incluidas en Más allá de la Gravedad para ilustrar sobre los diferentes golpes del tenis, cuyas técnicas se detallan en el texto.

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