Chiche: el ascensor de Ambito Financiero y su última utopía de un diario impreso

Samuél Chiche Gelblung falleció ayer a los 82 años, mucho se ha escrito por estas horas sobre un personaje polifacético innovador, popular y controvertido; pero en este artículo contamos una anécdota y un anuncio suyo que exponen facetas relacionadas con los cambios del periodismo a través del tiempo.

Cuando yo era muy joven, allá por la década del 70, en los diarios solo firmaban los columnistas; si no me equivoco recién desde fines de la década siguiente se fue haciendo habitual que los periodistas firmaran sus notas.

Ni que hablar de las fotitos que actualmente acompañan al nombre de los autores de muchas de las crónicas.

Al respecto, me quedó grabada una anécdota de Chiche Gelblung de la época en la que hacía amplios informes para Ambito Financiero.

En el edificio de AF -comentó Chiche- había un ascensor que solo utilizaba Julio Ramos (el creador y por entonces dueño de la publicación) y su círculo más cercano.

Una tarde Chiche estaba esperando para subir a la redacción y observa que le abren la puerta del ascensor de Ramos.

-Suba señor- le dijo el ascensorista.

– ¿Este no es un ascensor exclusivo para los jefes y ciertas personalidades?- reaccionó Chiche que venía utilizando el ascensor general.

– Claro, y usted es el conductor de un exitoso programa (mencionó el nombre del mismo) de televisión, en casa solemos verlo.

Me pareció una anécdota estupenda que refleja como escribir 500 notas sesudas en un medio escrito, no se equiparaba con una hora en la pantalla chica.

La Gráfica en recorrido inverso

Gelblung ya había dirigido revistas como Gente y La Semana, pero comenzó a una edad relativamente avanzada en radio y TV (alrededor de los 50 años).

Podría contar vivencias personales como periodista gráfico, pero no viene al caso.

Por otra parte, hará un par de años Chiche venía «amenazando» con sacar -a contramano de la actual tendencia que desplazó la gráfica al on line- un diario en papel. Decía que había espacio para una publicación impresa si se acertaba con el contenido, y una redacción preparada para tal emprendimiento (en su momento Chiche puso en marcha una de las primeras páginas web).

Quizá se trató de una última utopía que se propuso Chiche Gelblung contra toda lógica, un desafío provocador; o porque no, una cuestión a la que algún publicista talentoso pueda encontrarle la vuelta.

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