Aquel libro de André Agassi que refleja con crudeza el lado B del éxito deportivo se convirtió en un boom de ventas. Hace poco más de una década (2014), tras su lanzamiento, hicimos un comentario para una página web que se dió de baja. Lo reporducimos ampliado con un apéndice sobre algunos párrafos del Kid de las Vegas sobre tenistas argentinos
La sombra del padre
Como viajando en un tren bala, con el vértigo de una montaña rusa; así se lee Open la autobiografía del ex tenista André Agassi publicada a fines de 2014.
«Abro los ojos y no sé donde estoy, ni quien soy” inicia el primer game del libro el magnético deportista que rompió el molde de las indumentarias con sus bermudas celestes y las remeras flúo, en una alusión a su vida de trotamundos, para después disparar una frase con el efecto de un golpe seco: “Odio el tenis, lo odio con una secreta y oscura pasión, sin embargo sigo jugando porque no tengo alternativa. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que hago, es la esencia de mi vida”. Acentuando el contrapunto, agrega: “Que acabe esto. No estoy preparado para que esto acabe». Esta reflexión sacude su mente cuando a los 36 años –con secuelas de lesiones y cierto agotamiento- en 2006 está en el vestuario del USOpen por salir a medirse contra el chipriota Marcos Baghdatis en el que será su último torneo (finalmente vencerá al chipriota, pero quedará eliminado por un alemán de paso fugaz por el tour Benjamín Beker (no Boris), en lo que será el cierre de su carrera.

En el apartado siguiente, el personaje epicentro del libro rebobina hacia sus siete años en la ciudad de Las Vegas.
El nudo de la primera parte del libro es un tema de plena vigencia en la literatura y el cine: la relación padre –hijo. Aunque se trata de un vínculo especial, no lo es tanto en el mundo del profesionalismo deportivo (y no solo esta actividad, sino véase la película sobre la niñez y adolescencia de Michael Jackson) en el cual los padres quieren ver satisfacer su ego mediante sus vástagos explotando su talento, causando muchas veces –de manera consciente o inconsciente- dolor en sus descendientes.
De movida nos encontramos con que la presión y hasta la crueldad es para el progenitor la clave del éxito. El trago difícil de digerir es, en que medida ese cuestionable estilo de ejercer la paternidad, lleno de exigencias, paradójicamente fue el embrión de un supercampeón deportivo como terminó siendo Andre.
En otras palabras: ¿En cuánto influyó en el destino exitoso del personaje la inclemencia de su padre?, o al revés ¿que hubiera sido de André sin ese impiadoso papá?
Agassi cuenta entre algunas conductas de su riguroso padre -un ex atleta olímpico iraní que por entonces trabajaba en un Casino de Las Vegas-:
Diseña una máquina lanza pelotas frente a la cual Andre con 4 años no puede fallar. «Devuélvela antes», le grita el papá.
Este último suele traer al predio en el que prepara a su hijo a grandes jugadores. Un día pasa por allí Jimmy Connors pronosticando que Andre será «un buen jugador».
-Ya lo sabía -reacciona el papá y continúa diciendo-… ¿buen jugador?.. Será el N 1 del mundo”.
– En otra escena el protagonista del libro tiene 9 años; su padre apuesta dinero a que Andre le gana un partido a Jimmy Brown (crack del fútbol americano) La tensión parece insoportable. El chico se impone y la bolsa queda para la familia Agassi.
* Una mañana aparece en escena Philly, hermano de Andre. a quien una mañana le sopla al oído: «Papá te va a dar unas pastillas, ese día jugá mal». Andre se deja vencer y el padre le dejará de dar esa droga.
Muchos años después, en la cima del tenis profesional, Andre cede en una semifinal ante Pete Sampras. Algo mal de salud, desde su cama, el padre le dispara a aquel: «Deberías haberle jugado más al revés». La próxima vez que aparecerá el progenitor será para cerrar el círculo. Como león herbívoro le aconseja al protagonista de la historia: «Deja el tenis. Vete a casa. Ya lo has hecho. Ya está».

De niño mimado a tipo difícil
En la Academia de Brandenton, Florida, que conducía el experimentado y bronceado entrenador Nick Bollittieri es donde el protagonista principal de esta historia se hace tenista y hombre.
Se pone un aro, se hace un peinado con flecos como señal de rebelión. Estudia a medias en el colegio. Andre es algo así como un «niño mimado» de la academia, un compañero de allí -el luego también consagrado, Jim Courier– festejará en la cara de Bollitieri la jornada en que consigue superar a Agassi.

A.A siendo aún muy joven recibe 20.000 dólares de Nike, llega la fama, un día piensa abandonar todo, deja sus raquetas en el Central Park, rompe con su novia de la infancia.
Pronto conocerá a Gil Reyes, entrenador que le cambia el físico y se convierte en algo así como un sustituto del padre.
Especialmente memorable es el día que se suma Brad Gilbert al equipo de Agassi, para tomar el papel de coach. Brad considera que el problema básico que amenaza terminar con la carrera de Agassi es el perfeccionismo. «Intentas que todas las pelotas que lanzas sean grandes puntos, cuando en el 90 % de los casos con mantener un rumbo consistente alcanza. Deja de intentar noquear a tu rival. Deja de pensar en ti, ten en cuenta que del otro lado de la red hay un jugador que tiene puntos débiles. Ataca sus debilidades. No tienes que ser el mejor del mundo, alcanza con ser mejor que el otro. Conoces el Casino: la banca siempre gana. Intenta ser banca. Habrá cinco días al año en que te levantas perfecto, que no puedes perder con nadie. Pero esas cinco veces al año no son las que te hacen jugador de tenis. Con tu talento, si mantienes el juego en un 50 % pero la mente en un 90 % terminarás ganando; si los indicadores se invierten, acabarás perdiendo«. Y cierra ese monólogo recurriendo a otra metáfora del juego: «En los Majors tienes que ganar 7 partidos al mejor de cinco sets. Eso hace 21 sets, con esas cartas ganás: Black Jack!».
Gilbert, ex top ten, es conocido por su libro Ganar, jugando mal.


El precio de la fama: Euforia, caída y resurrección
En cuestiones del corazón, Andre dedica varias páginas a su primera novia Wendi quien lo acompañará hasta poco después que él gane en Wimbledon en su primer final de Grand Slam, con la curiosidad que tras una presentación en el Abierto Británico Agassi había desistído de volver a jugar allí molesto con el excesivo formalismo, además, por el tipo de juego el césped no parecía el terreno más apto de los Grandes para el Kid de Las Vegas.
En la cena y baile de Campeones de aquel Wimbledon 92 es que Andre conoce a Steffi Graff, le gusta, pero no le insinúa nada, aunque en torneos posteriores le preguntará a Gilbert si la alemana será de la partida. El romance tendrá que esperar varios años y luego se convertirá en matrimonio, pero a ello se refiere en la parte final del libro.
Todavía estaba ligado con Wendi con quien conocerán en un velero a Kevin Coustner y su familia. En un diálogo informal, Agassi le confiesa al actor que no le gusta el deporte. «Excepto el tenis» –se interesa el protagonista de El Guardaespaldas – El tenis es el que más detesto, reconviene AA.
Al año siguiente, Andre conocería a Barbra Streisand, 28 años mayor que él, a quien alienta a que vuelva a cantar (percibe a ella le está ocurriendo algo parecido a lo que a él con el tenis, una ambivalencia de amor y rechazo); la pareja no dura mucho tiempo,muta en cariño; tras un paréntesis él se vinculará con otra figura del espectáculo como Broke Shelds. A ella la acompaña a los estudios televisivos, pero se siente molesto en ese ambiente, la cela, el vínculo entra en una especie de tensión agobiante para ambos.
Volviendo a su carrera deportiva, Andre recorre en las páginas del libro gran parte de su recorrido tenístico, desde que gana su primer ATP en Brasil (Itaparica) donde de pronto un joven de 17 años se encuentra “con un cheque de 90.000 dólares en una mano y una chica en tanga en otra”, va contando anécdotas de los partidos hasta que conoce la gloria, o casi, pues es N 1 del mundo, ha triunfado en los Grand Slam… excepto aún Roland Garros. Busca motivación. «Paso varios días por las calles de Palermo (Italia)… me siento vacío. Nunca quise ser N 1, sino triunfar en el Abierto de Paris».
O sea, el éxito aparece rodeado de una inconstante insatisfacción en una carrera inacabable.
En el interín de ese objetivo, una tarde se siente perdido, consume drogas (metanfetamina), aunque de manera polémica consigue eludir una fuerte sanción aduciendo falta de intención y que no sacó ventaja. Pero en el juego esa situación le pasa factura. Su ranking cae al 141; será tarea de Gilbert y Reyes resucitarlo. Hasta que una tarde de 1997 en la capital francesa levanta el trofeo del Grand Slam sobre polvo de ladrillo (N de la R: Final ante el ucraniano Andrei Medvedev en la que Agassi utilizó su picardía consiguiendo que se suspenda la definición cuando iba 2 sets a cero abajo, y en el vestuario cambiar el chip para regresar, ya sin lluvia pero con la cancha muy pesada, para dar vuelta el score y apilar tres set seguidos).
Steffi Graff: ¿quién no odia el deporte que amamos jugar?
Andre se divorció de Broke Shields y se casó con Steffi Graff. Con ella a fines de 2003 tiene dos hijos, Desde allí será un desfiladero hasta el retiro poco menos de tres años después. Una tarde Brad baja la persiana. «Ya tienes una familia, necesitás un nuevo motivador», le dice. El desenlace se acerca.
Por la lupa de Andre pasan como una película partidos memorables, en algunos tramos aparece cierto aire de soberbia (incluso cuando pierde) de lo que se arrepiente. Uno de ellos se refiere a cuando por la Copa Davis en 1988 (N de la R: en el Buenos Aires Lawn Tennis) le iba ganando fácil a Martín Jaite por 2 sets de ventaja y 4-0 en el tercero entonces le ataja al argentino con la mano un segundo saque, dándole el game. «El frío me tenía entumecido. Mi reacción fue producto de la estupidez, no de la arrogancia», ensaya como disculpa tardía.
Otro personaje inevitable en la vida de Agassi es su gran rival, Pete Sampras. Primero lo observa junto a Bollitieri, siendo Pete adolescente, ambos pronostican que no llegará a nada. Con el tiempo Pistol Pete será una piedra en el camino de Andre. «Quisiera hablar con Pete del matrimonio, pero a pesar de nuestra casi amistad somos desconocidos», reflexiona con un dejo de amargura porque -según su punto de vista- la relación entre ambos no pasó del juego de raquetas.
Como se dijo, Andre se ha casado con una de las mejores jugadoras de todos los tiempos, Steffi Graf (N de la R: la alemana también tuvo una relación conflictiva con su padre). Como la conoció y las idas y vueltas son reflejadas en páginas de Open como una entretenida comedia. Asegura ser un hombre enamorado. «Veo a Steffi y mis dos hijos, somos cuatro superficies distintas y a la vez un equipo», grafica recurriendo a una metáfora tenistica.
Entonces busca un reflejo común: «Cuando le digo a Steffi que odio el tenis, ella me dice: ¿No lo odiamos todos?».
Sin embargo, el final de la trama los encuentra retirados, jugando en una cancha pública de Las Vegas.
Se divierten. De pronto Andre recuerda que tiene cosas que hacer pero le confía a su pareja que decide postergarlas. «…Solo quiero jugar un poco más», concluye.

Textuales sobre partidos vs. argentinos
Martín Jaite (Copa Davis 1988) Así relataba AA aquel episodio en el BALTC: “Espero el saque de Jaite, el frío me tiene entumecido: en Argentina es pleno invierno. Debemos estar en un grado bajo cero. Jaite dispara un saque que toca la red y cae en mi campo. Repite el saque. Y lo hace lanzando una pelota con mucho ascenso imposible de restar. Yo la recojo al vuelo con la mano..El público cree que pretendo perdonarle la vida a su compatriota, que le falto el respeto y me abuchean durante varios minutos. Al día siguiente los periódicos me machacan, en lugar de defenderme respondo con altanería La verdad es que tenia mucho frío y no pensaba, mi reacción fue producto de la estupidez, no de la arrogancia”.
Alberto Mancini (final de Roma- 1989) «Me enfrento a Albero Mancini. Fuerte, corpulento con unas piernas como troncos de árbol golpea la bola con una fuerza tremenda penetrante y con un efecto tornado que hace que cuando la pelota impacta contra tu raqueta parezca uno de eso balones de goma que se usan en rehabilitación En el cuarto set llego a disponer de una pelota para partido pero la dejo escapar y me desmorono No sé como, pero pierdo el partido La gente no entiende el dolor de perder una final, Solo has perdido una vez, pero eres un perdedor».
Franco Squillari (Roland Garros 1999): «Una pesadilla: En la primera ronda (Roland Garros, 1999 que finalmente Agassi ganaría completando los títulos de los 4 G Slam) te enfrentas a Franco Squllari, argentino, zurdo, tal vez el más difícil de los que no son cabeza de serie. Una bestia total sobre tierra batida… No se como me he dejado convencer para venir a RG (le habla a Brad Gilbert su entrenador). Practicamos sábado y domingo. El lunes juego. Estoy en el vestuario y mientras me colocan las tiritas en los pies, me doy cuenta que no he metido la ropa interior en la bolsa. Faltan cinco minutos para que empiece el partido Puedo jugar sin calzoncillos... Brad me dice en broma que puedo usar los suyos… Hay dieciséis mil personas en las gradas gritando como campesinos a punto de tomar Versalles. Todavía no he empezado a sudar cuando ya pierdo por un set y mi rival está a punto de romperme el servicio. Miro a mi palco me fijo en Gil y Brad. “Ayudadme”. Brad me mira a mi impasible. Ayúdate solo». Me subo los pantalones, aspiro hondo y suelto el aire despacio Me digo a mi mismo que ya no me pude ir peor Me digo a mi mismo: Tu gana un set, uno solo . Ganarle un set a este tío ya sería un logro. Un set…Inténtalo. Rebajar las pretensiones hace que la tarea parezca más asumible y me quita tensión. Mi revés mejora enseguida y envío la pelota donde quiero. El público se agita. Hace tiempo que no me ve jugar bien en este escenario. Algo en mi interior también se agita. El segundo set se convierte en una pelea callejera … Squillari no cede ni un palmo y tengo que arrebatarle el set con forceps. Gano 7-5 Y entonces ocurre algo asombroso, gano el tercer set.. Empiezo a sentir una esperanza que me sube desde los pies. Miro a Squillari, él no la tiene. Su cara se ve inexpresiva. Es uno de los jugadores más en forma del circuito, pero no puede dar un paso más. En el cuarto set lo arrollo y de pronto me encuentro saliendo de la pista con una de las victorias más improbables de mi carrera… De nuevo en el hotel, sucio de tierra batida le digo a Gil: ¿Lo has visto? ¡Has visto a esa rata en la cloaca ahogarse? Hemos hecho que se agarrotara, Gil!. Si, lo he visto.
Guillermo Coria (Roland Garros 2003) «Estoy en cuartos, y juego contra el argentino Guillermo Coria, otro jovencito. Dice públicamente que yo soy su ídolo. Yo comento en rueda de prensa que preferiría no ser su ídolo y enfrentarme a él en pista dura que serlo y enfrentarlo en tierra batida. No soporto este polvo. Pierdo cuatro de los primeros cinco juegos, pero acabo ganando el set. Este polvo me encanta… Sin embargo, Coria no demuestra la más mínima emoción. En el segundo, de una zancada, se pone 5-1. No falla nada. Es rápido y cada vez lo es más. ¿Lo he sido yo tanto alguna vez? Simplemente, hoy él es mejor que yo. Me echa del torneo y me hace perder el primer puesto del ranking mundial.

