La década de Menem: Transformaciones e hipocresías

Carlos Menem (1930-2021) fue el primer presidente peronista de la restauración democrática, y el que más años ininterrumpidos gobernó en la historia argentina (aunque -dicho sea a manera de boutade- “nadie lo votó”).

Ante todo fue un político pragmático –con mucha ambición de poder- que realizó una gran transformación en la economía argentina, aunque acompañada de un manejo discrecional de la justicia y numerosas sospechas de corrupción.

Su estilo era tomar decisiones, rodeado de gabinetes con algunos funcionarios de prestigio; y otros con perfil de “operadores” y alto nivel de obsecuencia.

El mencionado pragmatismo puede sintetizarse en aquella frase que se le atribuye “si decía lo que iba a hacer perdía las elecciones”; y tal cual, si se pone la mirada en lo económico (aunque hay muchos más ejemplos) después de haber tildado durante el gobierno anterior a Rodolfo Terragno -secretario de Obras Públicas de Raúl Alfonsín- de “traidor a la patria” (a través de su hermano, entonces senador Eduardo Menem) por querer concesionar el 40 % de Aerolíneas Argentinas a SAS, y haber replicado el lápiz rojo de Angeloz con la “revolución productiva”; el riojano implementó un programa con lineamientos se podría decir opuestos a la tradición justicialista.

Tras algunos ensayos que no pudieron frenar la hiperinflación, en el 91 puso en marcha a través de Domingo Cavallo un programa de privatizaciones y desregulaciones (que se aplicó a medias) en algunos rubros muy exitoso, en un país que estaba acostumbrado a la licuación del poder adquisitivo -en el que un departamento valía más del doble si tenía línea telefónica- con un estado muy ineficiente.

Esa transformación generó muchas expectativas, la clase media tuvo capacidad de ahorro y múltiples inversiones llegaron al país.Como contracara ese proceso recibía múltiples sospechas por falta de transparencia (las denuncias de Todman y de firmas norteamericanas fueron el puntapié inicial y comenzaron a reflejarse en los medios). También arreciaron acusaciones sobre las prácticas irregulares alrededor de la “patria contratista“, el llamado “capitalismo de amigos” que se tornó una “política de estado” en la argentina. Aparte, se descuido la cuestión social sin un plan de seguro de desempleo o asistencia adecuado, dada la desocupación que se generaba en parte por la reducción de las empresas estatales y también por el cambio tecnológico.

Primer Mundo y Feudalismo

En el plano de la política internacional, el gobierno menemista se alineó con EE.UU; un Menem que había prometido en campaña recuperar las Malvinas “a sangre y fuego” hizo la política más amistosa con los ingleses en el siglo XX de la que se tenga memoria. La Argentina participó aunque de manera secundaria) de la Primera Guerra del Golfo y no hubo necesidad de tramitar una visa para viajar a EEUU.

En este aspecto, el gobierno de Menem a partir de estas nuevas alianzas con Occidente, se alejaba de los No Alineados y “reparaba” esa imagen del primer peronismo como cercano al fascismo.

Fue el único mandatario argentino que estuvo en Armenia -dato aportado por Verónica una lectora de la comunidad-, el primer presidente que viajó a Israel como visita de Estado, y construyó una muy buena relación con Nelson Mandela a través del embajador en Sudáfrica el ex rugbier Hugo Porta. En el marco regional profundizó el Mercosur.

Es imposible obviar los nuevos aires que soplaban en el mundo globalizado -apenas años después de la caída del comunismo- a partir del llamado Consenso de Washington que fue aplicado con sus particularidades de Sur a Norte; de Menem pasando por Alberto Fujimori hasta llegar a Salinas de Gortari.

Entre paréntesis, un aspecto que vale la pena traer a colación es que Menem siendo gobernador de La Rioja tuvo una relación “astuta” con Alfonsín al punto de respaldar la política pacífica con Chile (mientras por ejemplo Néstor Kirchner salió en defensa de la confrontación por ejemplo en el tema Hielos Continentales)…Cierro paréntesis.

Sin embargo, en relaciones internacionales hubo dos manchas para la administración Menem como la venta de armas a Ecuador (un negociado que además enchastró la relación con un aliado tradicional como Perú) y a Croacia (aunque como sostiene Jorge Asís esta última operación es muy difícil que se pudiera haber realizado sin la venia de EEUU involucrada en la llamada Guerra de los Balcanes).

Un capítulo especial merecería la bomba a la embajada de Israel y el atentado a la AMIA seguramente producto de la “venganza” por ese viraje en materia de política internacional, pero en el que los servicios de inteligencia tuvieron un comportamiento oscuro.Como un vaivén entre buenas y malas, dos cuestiones muy positivas durante el primer mandato de Menem fueron la aniquilación de los carapintadas (otra vez producto de una aparente promesa incumplida respecto a Seineldín) y la eliminación del servicio militar obligatorio.

En materia de derechos humanos, la llamada política de “reconciliación” también da para una nota muy profunda.Sí hay que decir que hubo un “clima de época” que abogaba por cerrar las secuelas de lo que fueron los enfrentamientos de la década del 70. Con el tiempo se demostró “ilusorio” el intento de tomar el atajo de la política para eludir la justicia; demasiadas eran las heridas provocadas por la crueldad guerrillera y el terrorismo de Estado; y es más, a los sectores militares que abogaban por una supuesta reconciliación les salió el “tiro por la culata” ya que al fin del día las cúpulas de Montoneros (Firmenich, Galimberti, Montoto, Perdía, etc) fueron los beneficiarios del posterior “cambio de vientos”.

Una pizca de humor que retrataba al personaje

La conformación de una justicia adicta y la instalación de una “mayoría automática” en la CSJN, fue otro aspecto crítico de la década del 90. En cuanto a los medios, la privatización derivó por un lado en márgenes de libertad, pero también hubo ciertas hostilidades a la prensa. El periodismo de investigación adquirió un relativo prestigio que tiempo después perdería; hubo otro periodismo adicto que participó de la “cadena de la felicidad”, pero es un ítem que merece un recuadro aparte.Fueron tiempos de frivolidad en la política y en la sociedad; después vendría la hipocresía y el olvido. El “estilo Menem” (la Ferrari, partidos de fútbol, Xuxa y los Rolling Stones en Olivos, etc) de alguna manera prendió en la gente, y si uno observa sus contrincantes en el 95 (después que arrancó la reforma constitucional producto del Pacto de Olivos) el candidato de la UCR, Horacio Masaccessi (que saldría tercero) era el más menemista de los radicales.

En las provincias convivieron feudalismos del signo político del Ejecutivo (en uno de ellos, Catamarca, estalló el caso de María Soledad Morales abusada y asesinada por mafias amparadas por el poder), con gobernadores”creación” de Menem y provenientes del mundo del espectáculo o del deporte como Palito Ortega (que desplazó al represor Antonio Bussi) o Carlos Reutemann en Santa Fé.

Tras ganar la primera vuelta en 2003 pero declinando en el ballotage al verse perdido; Carlos Saúl Menem falleció siendo senador nacional del bloque kirchnerista del Frente para la Victoria. ¿Paradójico?

Un último dato: Casi todos los políticos en actividad tributaron a Carlos Menem: Desde luego Néstor Kirchner (beneficiario de la privatización de YPF que votaron Oscar Parrilli y Cristina Fernández de Kirchner siendo diputada y que le dejaron una enorme renta al gobierno de Santa Cruz); Daniel Scioli (hoy embajador en Brasil, ex candidato presidencial por el Frente de la Victoria); Patricia Bullrich (diputada menemista por la capital); Sergio Massa (aliado desde la UCD); Alberto Fernández (superintendente de Seguros en el organigrama de Domingo Cavallo); Felipe Solá y Gustavo Béliz (ministros de antes y ahora); Mauricio Macri (como empresario y en el comienzo de su carrera política); Miguel Angel Pichetto (encumbrado diputado nacional durante el menemismo) Diego Santilli (director de Migraciones); etc, etc: Porque en algún momento (es una forma de decir porque habría que exceptuar al radicalismo y un grupo de peronistas disidentes encabezado por Chacho Alvarez)… menemistas fueron todos.

Segundo Figarillo

Carlos Menem, el primer presidente peronista tras el regreso a la democracia

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