Vargas Llosa y García Márquez: Dos libros que los reamigan para siempre

Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez fueron muy amigos, hasta que las divergencias políticas y un puñetazo los distanciaron. El fallecimiento del colombiano dio por tierra con los intentos de reconciliar a los premios Nobel. Pero lo que no pudo ocurrir en vida, lo consiguió la magia de la literatura.

Penguin Random House- Anagrama acaba de reeditar “Dos Soledades” que reproduce una conferencia que compartieron ambos en Lima; y por otra parte la tesis de Vargas Llosa, “Historia de un Deicidio”, precisamente dedicada a García Márquez.

La amistad entre los dos referentes de la literatura fue muy estrecha. Vargas Llosa supo por primera vez de García Márquez al recibir -en una radio francesa donde trabajaba- el libro “El coronel no tiene quien le escriba” y quedó sorprendido. Comenzaron a mensajearse por carta hasta que se conocieron personalmente en 1967 en el aeropuerto de Caracas; se frecuentaron en Francia, y fueron vecinos en Barcelona donde almorzaban una vez por semana.

Mantuvieron un afecto mutuo hasta que dos acontecimientos (uno propio de la relación personal y el otro ideológico) los alejaron.

Distanciamiento

El primero de los hechos ocurrió en febrero de 1976 en el Palacio de Bellas Artes de México, donde coincidieron en la exhibición de la película “La Odisea de los Andes”; allí, tras un intercambio de palabras Vargas Llosa le propinó un derechazo en el rostro a Gabriel García Márquez;

Mucho se escribió sobre las causas que derivaron en aquel episodio. Según un artículo del diario El País “Mario vivía entonces una crisis de pareja con Patricia Llosa, quien encontró confidentes en Gabo y su esposa Mercedes Barcha. Hubo, quizás, malos entendidos que llevaron a los celos…”. Se cuenta que el matrimonio García Márquez le habría aconsejado a Patricia separarse (por una supuesta infidelidad de Mario) y que ella se lo transmitió a su marido; otros aluden a una broma que le habría hecho el colombiano a la mujer de Vargas Llosa que ella tomó como una insinuación.

Lo cierto es que al recibir el impacto en el ojo izquierdo el escritor caribeño fue asistido por su par Elena Poniatowska con hielo para desinflamar. El autor de Conversación en la Catedral guardó un hermético silencio acerca de lo que sucedió, mientras el creador de Macondo se limitó ocasionalmente a contarle al periodista Óscar Alarcón un par de detalles sobre el momento pugilístico, pero nada acerca de la cuestión de fondo que desató tal reacción del peruano.

Sin embargo, están quienes aseguran que esa escena puntual encubrió la verdadera razón del alejamiento que fue ideológica; en concreto el disparador fue el Caso Padilla (un poeta cubano puesto preso, acusado de ser espía de la CIA) en el que MVLL se involucró denunciando al régimen de Fidel Castro y que significó la ruptura del autor de “Conversación en la Catedral” con la izquierda radical, actitud no acompañada por GGM.

En una entrevista con el colombiano Carlos Granés (Madrid 2017) auspiciada por el diario El País-que se incluye al final de Dos Soledades- Vargas Llosa se refirió a como los dos viraron de las posiciones iniciales a la contraria: “Yo era muy entusiasta de la revolución, García Márquez, muy poco; incluso adoptaba una posición un poco burlona,como diciendo: ¡muchachito, espérate, ya verás!; él había sido purgado por el Partido Comunista cuando trabajaba en Prensa Latina junto a su amigo Plinio Apuleyo”. ¿Qué pasó para que aquel discreto descreído terminara haciéndose fotos con Fidel Castro? No lo sé”, espetó VLl y a posteriori deslizó una hipótesis.

Los dos monumentales escritores unidos por recientes ediciones (foto: Arte y Sociedad)

El hito de Lima

El par de libros recién publicados (Penguin Random House y Anagrama) permiten mágicamente volver a los momentos sublimes del vínculo.

Dos Soledades…”, reproduce el diálogo llevado a cabo el 5 y 7 de septiembre de 1967 ante un colmado auditorio de la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima (UNI). De la conversación solo sobrevivía un puñado de fotocopias.

Vargas Llosa tenía 31 años, nueve menos que su contertulio. El peruano llegó vestido de traje y corbata, su compañero de modo más informal. El evento se realizaba en el contexto del reciente éxito de la novela Cien Años de Soledad (agotada en la Argentina, mientras en Perú y Colombia se habían publicado adelantos con gran repercusión, y en México, Carlos Fuentes la colmaba de elogios); asimismo, el colombiano ya contaba en su bibliografía obras como”El Coronel no Tiene quien le Escriba” y “La Hojarasca”; en tanto el arequipeño había publicado entre otras, “Los Jefes”, la consagratoria “La Ciudad y los Perros” y La Casa Verde” por la que había recibido el premio Rómulo Gallegos.

En la UNI intercambiaron sobre tópicos como los misterios de la creación, la «novela total», las vocaciones, el «escritor profesional», la realidad y la ficción, la soledad, acerca de Jorge Luis Borges (García Márquez decía que no le gustaba por ser literatura de evasión, pero lo leía muchísimo porque le enseñaba a escribir), de los autores del naciente boom narrativo latinoamericano -en ciernes- que de acuerdo a GGM era “más de lectores que de escritores”. A propósito de este ítem, es significativo como el de Aracataca menciona párrafos de varios autores del llamado boom que le inspiraron ciertos tramos de Cien Años de Soledad.

Al inicio del intercambio Vargas Llosa le preguntó a García Márquez «¿para qué crees que sirves tú como escritor?». La respuesta arrancaba: «Tengo la impresión de que empecé a ser escritor cuando me di cuenta de que no servía para nada». 

Y enseguida ahondó sobre las vocaciones, recordando que su padre tenía una farmacia y quería que sea farmacéutico, pero él (motivado por las películas) quería ser abogado, hasta que decidió dedicarse a escribir… Solo escribiendo-jugueteó un poco GM- uno “logra quitarse sus dolores de cabeza y su mala digestión”.

El debate en la UNI

Un momento chispeante de la charla ocurrió cuando Vargas Llosa le preguntó a su interlocutor si desarrollar otros trabajos -como el periodismo- había contribuido a su labor de escritor. “Durante mucho tiempo creí que tener otras actividades ayudaba, pero en realidad lo dificulta. Lo que uno quiere es ser escritor y todo lo demás lo estorba”. Y luego reflexionó sobre la influencia que tiene la posición económica familiar en el escritor.

Desde un costado ético exaltó la independencia que en su criterio debe sostener el autor: “…Yo podría haber solucionado mi situación como escritor aceptando becas, subvenciones, en fin… Claro que se presentan una serie de dificultades. Pero tu (decía hablándole a V Ll), Cortázar, Fuentes, Carpentier y otros, nos están demostrando con veinte años de trabajo -de romperse el cuerpo como se dice- que los lectores terminan respondiendo”.

Más adelante se refirió al nivel de entrega que demanda una novela, al punto que cuando escribió Cien Años de Soledad no le habló a su esposa por tres meses “alucinado por la tarea de crear”.

García Márquez se definió como un escritor realista, dando ejemplos de como muchas de sus narraciones se terminan imponiendo y sustituyendo a la realidad. De todos modos, apuntaba algo de absoluta vigencia: “En Latinoamérica suceden las cosas más extraordinarias”. O se podría decir todo es posible.

Sobre ficción y realidad, también hay un contrapunto en el que Vargas Llosa defendió como postura que lo que define a un autor no son tanto sus convicciones personales, sino sus obsesiones.

Un detalle saliente para los argentinos es la referencia que hizo García Márquez a como el autor de “La Autopista del Sur” conectaba la ficción con la realidad. “Uno creería que las historias de Cortâzar son pura fantasía, pero basta llegar a Buenos Aires para descubrir que la ciudad está atiborrada de personajes y situaciones de Cortázar. Uno ve a la gente gesticulando sola en las calles. Están todos locos”.

Como destaca en una nota reciente el escritor peruano Renato Cisneros: “Aquel fue uno de los poquísimos diálogos abiertos que García Márquez concedió a lo largo de su vida ya que tenía recelo de hablar frente a grandes auditorios, una timidez que en la intimidad -a decir de sus amigos más próximos- desaparecía por completo”; a la vez, Vargas Llosa era en ese momento alguien bastante más conocido en el mundo literario.

El prologuista, Juan Gabriel Vásquez, sostiene que el diálogo “contiene más lecciones sobre el oficio de novelista que cualquier facultad de Literatura”; la edición también incluye textos del organizador José Miguel Oviedo, quien resalta la diferencia de temperamentos: “Vargas Llosa riguroso, afinado en la teorización, metódico en la polémica; García Márquez, de humor explosivo y paradójico, de corrosiva inteligencia, furiosamente vital»; distinción que también trazaba Carlos Ortega en una crónica del evento: “Vargas Llosa con esa preocupación permanente por la trascendencia social de la literatura, asediando al colombiano con un interrogatorio sagaz; García Márquez, sin evadir respuesta alguna, narrando historias magistrales… El público casi levitaba.

Ricardo González Vigil -presente en ambas fechas- lo recuerda como un “concierto literario“, Luis Rodríguez Pastor hace una crónica fantástica de aquellas jornadas y Sánchez León apunta que ambos escritores hacían “resplandecer el cielo de estrellas“.

En tanto Abelardo Oquendo (a quien Mario Vargas Llosa dedicó su libro ‘Conversación en la Catedral’) rememoraba que al tomar el papel de entrevistador, el anfitrión situó a García Márquez en el centro de atención… nadie advertía el paso del tiempo”. Esta última es la sensación que, transurrido más de medio siglo, deja la lectura de la transcripción de aquel conversatorio.

La edición incluye una selección fotográfica que registra esos días; y entrevistas de diversos momentos a ambos protagonistas.

El ágape posterior a las jornadas en Lima

Admiración y diferencias

 ‘Historia de un Deicidio” se trató de una tesis doctoral presentada en 1971 por Vargas Llosa en la Universidad Complutense de Madrid; en palabras de Gerard Martin, biógrafo de García Márquez (y que está escribiendo la del autor de “La Fiesta del Chivo”) “uno de los homenajes más generosos y notables de la historia de la literatura que un gran escritor haya dedicado nunca a otro”.

Se resaltan coincidencias biográficas (ambos fueron criados por abuelos maternos, tuvieron conflictos con el padre, incursionaron de muy jóvenes en el periodismo y eran devotos de William Faulkner.

En el reciente artículo Tantas Veces Mario, Cisneros subraya que gracias a este ejemplar nos enteramos de la novela a cuatro manos que MVLL y GGM planeaban escribir sobre una guerra entre Perú y Colombia sucedida en la región del Amazonas proyecto que acabarían abandonando; del deslumbramiento que provocó en Vargas Llosa ‘Cien años de Soledad’ (la calificó como «la gran novela de caballerías de Latinoamérica»); de las apreciaciones del peruano respecto de la metodología de trabajo de García Márquez, hecha «de pálpitos e instintos antes que de procesos intelectuales». Eso sí, la fascinación de Mario por las novelas de ‘Gabo’ no comporta un gramo de condescendencia. ‘El otoño del patriarca’, por ejemplo, la considera la más floja de sus entregas”.

En Historia de un Deicidio, V LL expuso la teoría de los “demonios” -que ya había insinuado en Dos Soledades cuatro años atrás-: “Escribir novelas es un acto de rebeldía contra la realidad, contra la creación de Dios que es la realidad, un intento de abolición de la misma; un deicidio secreto, un asesinato -desde lo simbólico de la realidad-; una tentativa de sustitución, no aceptar el mundo tal como es…el novelista es un disidente que crea vida ilusoria”.

Sobre la obra del autor de Cien Años de Soledad sostenía que es una síntesis de Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti y Jorge Luis Borges. Cuando se pregunta “¿De qué naturaleza son las fuentes de la literatura narrativa?” responde que toda obra de ficción proyecta experiencias de tres “demonios”: personales (vivencias, recuerdos del artista), históricos (acontecimientos sociales y políticos) y culturales (formación literaria).

Resumía que para Alejo Carpentier las experiencias ‘históricas’ son fuentes más importantes que las personales, en Borges los demonios culturales importan más que los histórico; y para Onetti los demonios ‘personales’ son más decisivos que los históricos o culturales. Así llega a la conclusión que en el caso de García Márquez “hay una especie de equilibrio entre estos tres tipos de experiencias: su obra se alimenta en dosis parecidas de hechos vividos por él, de experiencias colectivas de su mundo, y de lecturas”.

Vargas Llosa con Patricia; Mercedes (esposa de GM), Donoso su esposa María Pilar Serrano, y G Márquez

Literatura, todo lo puede

Cabe asegurar que durante los últimos años de vida del autor de”El Amor en los Tiempos del Cólera”, hubo intentos de acercarlo al de “La Tía Julia y el Escribidor”. Así lo expresó por ejemplo Raúl Tola, periodista cercano al Nobel peruano en la presentación del libro (ver abajo); mientras el colombiano Héctor Abad Faciolince (“El Olvido que Seremos”) deslizó en una reciente entrevista con la revista de “La Nación”, que junto a Juan Cruz Ruiz buscaron unirlos en un saludo y que en tal sentido la editora amiga de ambos, Carmen Balcells, había convencido a la esposa de Gabo para que sea cómplice del reencuentro en un restaurant de Cartagena al que llegaría por casualidad Vargas Llosa.. El plan fue develado a este último quien dijo: “Posiblemente no me reconozca”; es cierto que la memoria de García Márquez estaba deteriorada, pero no del todo”, considera Faciolince.

De todos modos, el gesto de Vargas Llosa de habilitar ambas ediciones de alguna manera contribuye a cerrar todas las heridas. Cuando le preguntaron al genio peruano como tomó el fallecimiento del nacido en Aracataca, respondió: “Con pena. Como la muerte de Cortázar o de Carlos Fuentes. No solo eran grandes escritores, sino que fueron grandes amigos. Descubrir que soy el último de esa generación es algo triste”.

A partir de ahora Vargas Llosa y García Márquez pueden reencontrarse a través del puente de la literatura. Sí revivir es vivir de nuevo un poco, ese es el prodigio de los dos ejemplares que seguramente muy pronto poblarán las bibliotecas de los admiradores de los dos más grandes novelistas latinoamericanos del siglo XX.

Segundo Figarillo

Protagonistas de boom: G Márquez, Jorge Eduards,, V Llosa y José Donoso.
El argentino Julio Cortázar y el mexicano Carlos Fuentes también fueron parte del boom

Bonus Track

En el muro de facebook de Penguin Perú, se llevó a cabo a fines de abril la presentación del libro con tres renombrados escritores peruanos: Teresa Ruiz Rozas, Renato Cisneros y Raúl Tola con la coordinación de Luis Rodríguez Pastor:

Síntesis y video:

Rodríguez Pastor: “Historia de un Deicidio” es una obra que estuvo cincuenta años fuera de circulación. …Fueron amigos íntimos, a tal punto que GM fue padrino del segundo hijo de V LL. Rodríguez Pastor se refiere a la dedicatoria que escribió García Márquez en el ejemplar de Vargas Llosa de Cien Años de Soledad (aludiendo a como “desvistió” la novela en la UNI)

Sobre Historia de un Deicidio:

Ruiz Rosas: Se lee como Rayuela, se la puede tomar en cualquier lugar. Es una trabajo clave para cualquier joven que coquetea con la idea de ser escritor.

Sobre Dos Soledades:

Cisneros: Aparecen las personalidades bien diferenciadas; García Márquez más intuitivo; Vargas Llosa más racional. Parece que V LL sabe más del autor de Cien Años de Soledad que el propio García Márquez. Parece un juego de esgrima, una obra de teatro.

Tola: GM todavía tímido, inseguro apocado, ante un Vargas Llosa ya muy sólido; G M demuestra su genio; no quiere meterse en la cocina de su obra.

¿Para que sirve escribir?

Tola: “.. .Es un pregunta que ha sido tratada infinidad de veces. Para tratar de recomponer el mundo, para rebelarse al mundo, para ordenarlo, para exorcizar los demonios, ninguna respuesta es suficiente”.

Cisneros: “Si lo tuviéramos claro, tal vez no escribiríamos; una respuesta posible sería para darle sentido a la vida”.

Ruiz Rosas: “Para indagar en las obsesiones de la vida, en lo que no se puede explicar—Para no volverme loca”.

Imperdible:

Los inicios de una amistad trunca, que “resucitó”

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