El dolor y el goce de un amor tormentoso a lo largo del tiempo

A tres lustros de su publicación, «Travesuras de la niña mala» de Mario Vargas Llosa, es otra lectura recomendada para este verano. Idas y vueltas, encuentros y alejamientos de una relación (¡extraña?… ¿enfermiza?) de 35 años.

Quizá sea la obra más simple de leer de la enorme producción literaria de Mario Vargas Llosa. A la vez, su originalidad, la metamorfosis de las personajes principales, la mutación de los sentimientos, el elevado erotismo y el recorrido por los países en momentos claves de la segunda mitad del siglo XX, son aspectos que recorren una novela en la que se evidencia la maestría del Premio Nobel de Literatura en el manejo de los instrumentos de la narrativa.

Ella ha nacido en un hogar muy pobre del Perú, y desde chica su objetivo de vida es emerger de esa situación. Para ello procede con astucia y frialdad fraguando su identidad (comienza presentándose como Lily una niña chilena y hermana de la hija de la patrona de su mamá, y cerca del final se sabrá que su verdadero nombre es Otilia).

Aventurera y oportunista, se irá convirtiendo en la camarada Arlette -aprovechando una beca de la revolución cubana-; en madame Arnoux en Francia; en Mrs. Richardson y en amante de un contrabandista al que se somete en Japón apellidado Fukuda.

El otro personaje principal y narrador de la historia es Ricardo Somocurcio, también peruano, nacido en Miraflores en una familia de buen pasar, pese a lo cual su meta es vivir en Francia donde consigue ser traductor de la UNESCO y de trabajos que le conceden editores amigos u organizadores de conferencias.

El está flechado por Lily desde la infancia, pero ella le será siempre esquiva porque la modesta vida de Ricardo no es la compañía a la que ella aspira, y pese a los momentos intensos que pasan en la intimidad lo abandona una y otra vez, hasta cada tantos años darle una señal para encontrarse en diferentes lugares del mundo de manera caprichosa, o utilizándolo como refugio para escapar de problemas, mientras él continúa enamorado al punto que hipoteca su pequeña casa en la calle Joseph Garnier -donde viven juntos- para ayudarla a curarse, y se casa con ella para que no sea deportada. Sin embargo, la mujer reincide en dejarlo cuando le viene en gana.

En base a su personalidad y actitudes, Ricardo la bautiza como la «niña mala», y ella a aquel -de manera sarcástica- le coloca el mote de»niño bueno».

Espíritus de época

Un aspecto fascinante del libro (que el propio autor mencionó como motivación del mismo) es que atraviesa etapas que marcaron un espíritu de época.

Así aparece la Francia desde fines de los 50 como meca de los escritores; luego la Revolución Cubana que fascinó a militantes europeos; después la Inglaterra de los hippies; las transformaciones edilicias y la aparición del terrorismo en el Perú; y la España modernizada de los 80 que había despuntado con el fin del franquismo.

Hay en diversas etapa de la trama, personajes secundarios (Barreto, Toledano, el matrimonio vecino con su hijo adoptivo en París) que tienen su atractivo y significación.

Una faceta interesante de la obra en cuestión, es que si bien se vislumbran los límites de vivir en un país sudamericano atravesado por crisis políticas y económicas (se alude en diversos tramos de la novela a los gobiernos de Belaunde Terry, Velasco Alvarado y Alan García) y lo que significaba Europa como meca; también se evidencia cierto desarraigo tal como refleja por ejemplo en este fragmento: «Había dejado de ser un peruano en muchos sentidos. ¿Qué era entonces? Tampoco había llegado a ser un europeo, ni en Francia, ni mucho menos en Inglaterra. ¿Qué eras pues Ricardito? Tal vez, lo que en sus rabietas me decía Mrs.Richardson: un pichiruchi, nada más que un intérprete». alguien que …solo es cuando no es».

Asimismo, cuando durante su último regreso al Perú, el narrador descubra -mediante el relato de Arquímides el rompeolas- los orígenes de Otilia, de alguna manera justificará sus ansias de fugar del pasado, y la bronca hacia ella se convertirá en cierta pena.

Algunos escenarios de la trama

Huachaferias del pichiruchi

Las complejidades del amor- pasión, en ese juego del alejamientos y reencuentros, le dan un especial magnetismo a la obra.

Los desplantes de ella y la vulnerabilidad de él (pero a la vez la contención) le dan una carga especial a momentos de intenso erotismo que aparecen en los encuentros sexuales en los que ella ejerce la manipulación, pero en los que él encuentra un placer que busca prolongar, pero que será siempre fugaz y estará bajo amenaza.

Un vínculo hecho también de palabras y frases (que ella tilda de huachaferías) en las que aparece el romanticismo de él, del que ella se burla, pero del que también se alimenta.

Entre cariñosa y burlonamente, ella lo denomina pichiruchi, y él la chilenita, la guerrillera o le pone el apellido de sus parejas.

¿Pero estuvo Lily/ enamorada de Ricardo, o él fue solo un instrumento?

En principio, parece haber utilizado la relación como un arma de dominación, un recurso para llenar los vacíos o pedir ayuda tras hacer tropelías o sufrirlas de parte de los otros hombres con los que hubo un vínculo de posesión, nunca de amor.

Con los años el sentimiento parece ir mutando. «Una vez, hace un montón de años, me preguntaste que era para mí la felicidad ¿te acuerdas niño bueno? Y yo te dije que era el dinero, encontrar un hombre poderoso y muy rico. Me equivocaba. Ahora se que tu para mí eres la felicidad».

Sin embargo, tras decir esta frase la «niña mala» incurrirá en otro engaño, pero cabe interpretar que no se debe a un factor, sino por una necesidad de no aferrarse a nadie que se ha impuesto, ni a la estabilidad que de acuerdo a su concepción significa una especie de rendición.

Otra señal del amor que ella siente se evidencia en la escena de celos que le hace en Madrid, cuando ella descubre que él comenzó una relación con Marcella, una artista mucho más joven que Ricardo.

También se puede interpretar que la clave de la prolongación del vínculo sea la incertidumbre, combustible y hoguera de la pasión, antítesis de la rutina. En palabras de Otilia a Ricardo: «Tu nunca vas a vivir tranquilo conmigo, te lo advierto. Porque no quiero que te canses de mí, que te acostumbres a mí».

La angustia que invade en el final al lector, expresa la profundidad con que se ha implicado en la historia.

La fotografía y diseño de tapa pertenece a Morgana, hija de MVLl

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