Un político en busca de consejos: ¿Hay lugar en ese mundo para las ideas?

«Alicia y el Alcalde» es una película que expone el costado «frío» y «burocrático» de la política, pero también la posibilidad de un cambio de perspectiva si un líder consigue imponer una visión ante el juego de ambiciones que lo rodean.

AC (Acreditado Cine) Un exitoso y veterano intendente de Lyon (Paul Théraneau) siente que se le han «secado» las ideas, que lo ha invadido la saturación («soy como un auto con un motor poderoso, pero que se ha quedado sin nafta», confiesa) y para «refrescar la cabeza» decide contratar a una joven profesora de humanidades (Alice Heinmann), pero que desconoce los intersticios de la política.

Ella no cree demasiado en lo que pueda aportar, pero el experimentado político considera que la filosofía es mucho más importante que la moda de los influencer y los manuales de marketing político.

De movida, Alice advierte el modo en que se manejan las contrataciones ya que le crean un cargo a su medida con fondos del presupuesto que quedaron disponibles. Pronto su ascenso en la consideración del jefe movilizará un juego de competencias y envidias de los funcionarios y el plantel que lo rodea, ante el temor de ser desplazados de sus puestos.

Pero más interesante es el modo en que la flamante consejera va encarando su tarea, observando el accionar y los discursos del alcalde.

Lo primero que la asistente hace es recomendarle que sea menos arrogante (o más modesto), algo que le cuesta asimilar al político que de alguna manera tuvo el gesto de contratar a quien le hace tal reproche.

Luego ella va introduciendo sus concepciones, especialmente que el debate sobre la democracia está pasando a segundo plano, desplazado por concepciones catastróficas por ejemplo sobre ecología «No todo es el medio ambiente, apenas una parte de la realidad», sugiere la asistente chocando con el Partido Verde uno de los aliados del Partido Socialista en manos del cual está el gobierno municipal.

La trama también apunta a la crisis que atraviesa el socialismo (en este caso en Francia) desplazado por la derecha que llega con un mensaje más contundente sobre las cuestiones inmediatas a resolver.

En algún punto, la situación que se proyecta de Lyon tiene que ver con la Ciudad de Buenos Aires en tanto hay un electorado «progresista», que a la vez reniega de ese discurso ideológico.

Puente generacional

Pese a la diferencia generacional surge un vínculo de confianza entre el alcalde y su «musa», él le cuenta que la política le ha absorbido la vida hasta desplazar todo interés e incluso estar separado de su esposa; Alicia ha llegado a esta etapa de la vida (unos treinta años) sin demasiados planteos acerca de su futuro, y paradójicamante queda en un lugar al que no consiguen llegar con sus ambiciones de hacer carrera, el círculo que la rodea.

Ya consagrado en su ciudad, el alcalde se coloca ante el dilema de abandonar la política o luchar por la conducción del Partido Socialista y plantar su candidatura a presidente de Francia.

En una disertación apunta a movilizar el interés por el sistema democrático y a cuestiones que considera en línea con las concepciones económicas de su partido como preguntarse si tiene sentido seguir consumiendo hasta un yogurt producido a 3000 kilómetros de distancia.

Alicia tiene varias fuentes de inspiración, algunas se expresan en regalos a Paul como un libro de Jean Jacques Rousseau (en realidad un manifiesto acerca de la vida); y sobre el filo de la película -con un gesto de humor reflexivo- le entrega un ejemplar de Bartleby, de Herman Melville, que trata de un copista que ante cada nueva exigencia responde preferiría no hacerlo.

En definitiva, la película puede leerse como una parodia sobre los entretelones de la política alejada de las preocupaciones cotidianas del resto de la gente; o desde otro ángulo, que trabajar en ese mundo puede ser una tarea fascinante que no puede escapar a las tensiones, pero en el que no todo es corrupción o la búsqueda de incrementar el patrimonio individual, sino que hay espacio para aportar una visión propia aún a costa de eventuales derrotas.

C.R

Un plus: Próximo al comienzo del film, durante un acto, hay una interesante exposición del alcalde en la que destaca que la Resistencia -frente a los colaboracionistas nazis- estuvo integrada tanto por personas de izquierda como de derecha. Como buscando en definitiva identificar a los enemigos de la democracia. Un nexo que el guionista –Nicolás Pariser– hizo de la historia con la actualidad.

Interpretaciones: Anais Demoustier se luce en el papel de Alicia; así como el alcalde está magníficamente interpretado por un actor de gran trayectoria en Europa, Fabrice Luccini.

AP (Acreditado Puntaje): 8 puntos.

Dirección y guion: Nicolas Pariser. Fotografía: Sébastien Buchmann. Música: Benjamin Esdraffo. Edición: Christel Dewynter. Elenco: Fabrice Luchini, Anaïs Demoustier, Nora Hamzawi, Maud Wyler, Thomas Chabrol.

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