«El Gran Willy»: Ideas, fundamentos e hitos, de un ícono del deporte

El nuevo libro de Alfredo Di Salvo pone de relieve que la figura de Guillermo Vilas excede a la de un genio tenístico. «El Gran Willy» es un trabajo rociado con anécdotas narradas por el biografiado, sobre todo durante una temporada que compartió con el autor en Cariló.

El texto expone las ideas de Vilas en diversos campos de la vida, su creatividad dentro y fuera de la cancha, la obsesión por alcanzar las metas; así como las personas fundamentales que oficiaron como sostén de una trayectoria que lo llevó a ganar cuatro títulos de Grand Slam (en total fueron 62 de ATP en singles) y virtualmente alcanzar la cima en el mundo de las raquetas.

Acreditado asistió a la presentación del libro realizada en una sala de reuniones del hotel Howard Johnson (Lima al 600), en la que Di Salvo se refirió a algunos aspectos salientes de su obra: La influencia que en Guillermo tuvieron sus padres (Roque y Maruxa), lo esencial que resultó en la formación tenística y humana su primer profesor, Felipe Loccicero, y el trípode que lo hizo brillar en el profesionalismo: Ion Tiriac coach en la etapa más brillante de Vilas, el preparador físico, Juan Carlos Belfonte, y el médico, Eduardo Zancolli.

Sobre el galeno se revela en el apartado «Una anécdota que nunca contó», que mediante un breve tratamiento de columna consiguió que Willy pudiera superar un tremendo dolor testicular que le arruinaba la calidad de vida (verdadero hallazgo desarrollado en el libro); así como las infiltraciones que le permitieron a Vilas en su plenitud como jugador salir de una tendinitis y ganar partidos de manera milagrosa ante el británico Buster Mottram y al mismísimo Jimmy Connors.

Además de amplias referencias a la infancia de Vilas en la Ciudad Feliz, la conformación de la personalidad a luz y sombra del fuerte carácter de su progenitor, y a sus comienzos en el Náutico Mar del Plata (del que su padre era presidente); hay abundantes reflexiones en primera persona de las que reproduciremos algunos fragmentos. Por ejemplo, el siguiente dedicado al temperamento del ámbito donde se forjó el multi-campeón:

El marplatense es totalmente distinto, de características diferentes a las de otros lugares. La obsesión del mar marca firmes rasgos de su personalidad…Pero el viento es un factor característico. Yo he jugado en Mar del Plata de un solo lado en la cancha contra el viento, y la pelota volvía. La tiraba alta y fuerte y el viento la devolvía. Algo que no ocurre en ninguna otra parte del mundo.

Ya desde muy chico, GV empezó a planear su vida, el programa incluía tres años pegando la ball contra el frontón cuando llegó Felipe Loccicero (quien le enseñaba acompañado de los libros de Bill Tilden). A los 10 años, llegó a la final del Torneo Argentino frente a su amigo Rafael González Bosch, los dos marplatenses ¡ambos alumnos de Felipe!

En sus confesiones, Vilas se refería al significado que tuvo participar de lo que era el mundial juniors que se jugaba en Miami: «Yo fui al Orange Bowl pero no me pagó la Asociación porque tenía que haber ganado algún torneo en mi país para que reconocieran el ticket. Ganando abrí la posibilidad para que los argentinos comenzaran a competir allí. Y mi viejo cuando gané en dobles y singles quedó azorado con mis posibilidades en el tenis»

Julio Ricardo expuso sobre los méritos del Di Salvo y lo que representa GV para el deporte

Otra anécdota gira alrededor del ídolo tenístico de Vilas al inicio de su recorrido, el brasileño Tomás Koch, a quien aquel le copiaba todo. Pelo largo, vincha y modelo de raqueta. Un día Vilas se lo encontró, y mantuvo un diálogo risueño:

-¿Sabés que camino igual a vos?-, le dijo Vilas.

-No me digas que sufrís hernia de disco -se sorprendió el carioca.

-No no tengo nada, pero me parece un estilo ganador.

El libro se explaya también en los intereses multifacéticos del personaje; por ejemplo en teología, tema en el que destacaba la importancia que tuvo la escuela de los Hermanos Maristas, y entre las cosas que le cuenta a Di Salvo menciona una teoría que presentó en el colegio acerca de la posibilidad de ascender al cielo -discrepando con una creencia de la época- incluso para los ateos, porque al no creer en nada en definitiva creían y un Dios Todopoderoso que perdona no podía distinguir.

O sobre la música, hay curiosidades relacionadas al vínculo con el Flaco Spinetta (también en poesía) y Pappo. Y una explicación de Willy sobre su gusto por el negro. «Es un color que no pasa de moda y es muy rockero… Andy Warhol considerado el fundador del llamado Pop Art tuvo una reflexión célebre cuando dijo : En el siglo XXI todo el mundo va a tener quince minutos de fama ¡Genial!«

En numerosos párrafos se aborda, desde la palabra del zurdo que dejó grabada su imagen de vincha y muñequera-, el comienzo y los cambios de su relación con Bjorn Borg y algunas polémicas con Connors, así como los diversos tramos que atravesó el vínculo crucial con Tiriac, el rumano de los anchos bigotes.

¿Cómo conoció a otro de sus sostenes, Belfonte (fallecido hace dos años) Aquí una síntesis de lo que contaba al respecto, tal como lo refleja el libro: «Resulta que yo entrenaba mucho con «Bicho» Romani. Un día de verano fuimos a jugar un partido y él me pintó la cara… El no se destacaba por ser un jugador rápido, sin embargo esa vez mostró una velocidad impresionante Por la tarde hicimos un entrenamiento y lo noté más fuerte que a la mañana. Inmediatamente le pregunté quien lo había entrenado y que había hecho: estaba notablemente distinto, su contextura física era más fina y mostraba mucha agilidad. Ahí fue que me contó sobre un genio llamado Juan Carlos Belfonte. Apenas le gané una final a Borg lo ubiqué en el Tenis Club Argentino (TCA) y me pidió que corriera con el grupo; al concluir acordamos trabajar juntos… Cuando quise pagarle no aceptó. «Para eso hay tiempo», me dijo.

Luego Vilas deslizaba que un día fue a un entrenar y encontró al Profe abatido por no poder implementar su sistema en el TCA. «Lo llevé como un cohete al Buenos Aires Lawn Tennis», concluía Vilas esa parte del relato.

Más adelante, entre tantos testimonios se agrega uno del australiano Neale Fraser quien basaba su explicación sobre el éxito de Vilas en la increíble fuerza en las piernas y el trabajo que hacia para ello.

Di Salvo entregó un reconocimiento al anfitrión del evento Alberto Albamonte, ,presidente de Howard Johnson

El primer gran cimbronazo de Vilas a nivel mundial fue la conquista del Masters en Melbourne, en 1974. Al regresar, atravesó una odisea que le contó a Di Salvo (y habla un poco de la relación que tenía con el dinero). Aterrizó en Ezeiza, a donde lo había ido a buscar Horacio Billoch Caride (presidente del BALTC y una especie de tutor para Guillermo en Buenos Aires). Cuando salió a cenar -recordaba Vilas- quiso abonar con los cheques que tenía en el cinturón del pantalón, pero no se los aceptaron por no tener cuenta en el país

«Al día siguiente -continuaba GV- fui al estudio de mi abogado en la Capital para llevarle los cheques. Como no tenía efectivo, me subí al furgón del tren… Me encontré con el doctor Centeno le cambié un cheque por un vale; con esa plata pude llegar al estudio de Billoch Caride y cuando le entregué los otros cheques, reaccionó:

-Sos una bestia, están todos vencidos

Tuvimos que escribir a todos los torneos para que enviaran otros con fecha actual. Tardé como seis meses para poder cobrarlos Lo único positivo de todo esto, fue darme cuenta que no estaba preparado para ser multimillonario».

El trabajo en cuestión es enriquecedor en cuanto a las vivencias; quizá quedó pendiente un desarrollo más profundo de su trayectoria en Copa Davis, como aquella final de 1981 en Cincinnati, o su triunfo por la misma competencia en el Buenos Aires frente a John Mc.Enroe en 1983, en una actuación sobresaliente del marplatense más universal. Seguramente no era lo estadístico el objetivo primordial del libro, sino reflejar lo que el periodista consideró las manifestaciones más relevantes del personaje.

También es discutible que -según indica un enunciado- la merma del crack comenzara a fines de los 70; cuando en los 80 tuvo al menos un par de excelentes temporadas. Posiblemente sea una interpretación, o que CV con sentido autocrítico lo haya transmitido así.

Un aporte interesante es el análisis volcado por Vilas, sobre las características de cada uno de los golpes, sistemas para mejorar el juego y recuerdos de los diferentes torneos; así como el espacio dedicado al origen y sentido del tiro entre las piernas, corriendo para el fondo de la cancha para contrarrestar un globo, bautizado como la Gran Willy, uno de sus sellos que hace gancho con el título del libro.

Hay cerca del cierre una semblanza de como conoció en Tailandia a su esposa Phiang Phathu, con quien formó una familia que se completa con sus cuatro hijos.

En definitiva, un homenaje a quien cambió el destino de un deporte a través de la conversación, un arte que Guillermo cultivaba como pocos y que al autor -tal como lo confiesa en la introducción del libro- le permitió cumplir un sueño.

El autor hablando sobre la génesis y el contenido del libro, acompañado a su derecha del jefe de prensa Benjamín Buzzi, en la punta el editor Roberto Volpe (der) y a la izquierda Julio Ricardo

El autor: Luis Di Salvo es un experimentado escritor de biografías; le pertenecen entre otras la de Amadeo Carrizo, Antonio Rattin, José Sanfilippo, el Toto Lorenzo y de Juan Román Riquelme.»Con 19 libros es el autor más prolífico sobre temas del deporte» afirmó el maestro de periodistas Julio Ricardo. Además combina la faceta de cronista con la de empresario. No solo fue encargado de prensa de Juan Manuel Fangio, también tuvo importantes funciones en Canal 9 y trajo al país entre otras la serie El Agente 86 .

La génesis del libro fue cuando editando aquel sobre Riquelme; Di Salvo le contó al editor que contaba con varios cuadernos de apuntes y más de veinte casetes de diálogos con Vilas, quien había quedado encandilado con la semblanza sobre Carrizo (a quien admiraba profundamente) realizada por Di Salvo.

Los ejemplares de casi 300 páginas fueron editados por Galerna.

Autor de la crónica: Claudio Ravini

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