Magyar quiere decir húngaro (tanto la nacionalidad como el idioma), y Péter Magyar es el nombre y apellido del primer ministro electo que destronó a Viktor Orban que venía gobernando el país ininterrumpidamente durante 16 años (en una etapa anterior lo hizo por otros cuatro).
En este caso -como en tantos de la política- se cumplió el aserto «no hay peor astilla que la del mismo palo», pues Magyar perteneció a Fidesz el partido de Orban, y fue su funcionario en los primeros doce años del último mandato.
A inicios de 2024 Magyar se desprendió de su cargo con duras críticas al gobierno para constituir Tisza, fuerza con la que compitió el pasado domingo posicionándose contra la agenda antieuropea y aliada con Putin de su ex jefe. El triunfo de Magyar (de 45 años) significaría un pronto regreso de Hungría a la Unión Europea -enfrentada desde hace tiempo a Donald Trump- e incluso a la OTAN.
El otro punto es que la derrota de Orban, de 62 años, implica un golpe a la coalición internacional de la «nueva derecha» que tenía en Orban un puntal en el Viejo Continente.
En las semana previa a la elección, el premier saliente recibió el respaldo presencial del vicepresidente de Estados Unidos JD Vance y unos días antes la visita del presidente de la Argentina, Javier Milei en el contexto de una especie de liga de mandatarios conservadores (*)
Ahora bien, ¿en qué medida la llegada de Magyar expresa un cambio profundo teniendo en cuenta que fue un «delfín» del propio Orban y su idioscincracia nacionalista?

Alcances del cambio
La victoria del partido de Magyar fue contundente. En un sistema parlamentario obtener más de un tercio de las bancas es determinante para poder llevar a cabo las iniciativas del primer ministro. Otro dato importante fue la alta participación del padrón electoral de alrededor del 80 %.
Haciendo una lectura más profunda desde lo ideológico, hay quienes advierten que Magyar es en definitiva un político de derecha y que la fuerza socialdemócrata no alcanzó ni el 3 % de los votos. Sin embargo, el analista Juan Ramón Tello observa el resultado de otra manera. «Entre los votantes de la fuerza de Magyar y entre los congresistas electos, hay personas de diversas ideas; que se unieron bajo la premisa de ganarle a Orban». Lo que suele llamarse «cordón sanitario», es decir la unión de centro derecha y centro izquierda para frenar a los ultras.
Los apoyos que le enviaron al inminente premier húngaro Emmanuel Macron (Francia), Pedro Sánchez (España), Keir Starmer (Alemania) Keir Starmer (Gran Bretaña) e inclusive Alexander Soros (cuyo padre, el inverso George Soros fue perseguido por el ejecutivo saliente).
Tello considera que un factor decisivo para el recambio fue el económico, el deterioro del nivel de vida que la gente vincula con las decisiones de Orban. «Hay un agotamiento despues de más de tres lustros del mismo estilo», sostiene Waya Quiviger profesora de la IA University. Un aspecto que subraya la académica acerca del nuevo primer ministro de Hungria es que haya anunciado que el primer viaje tras la asunción será Polonia, país que se le plantó a Putín.


Antonella Marty, politóloga liberal, en diálogo con el director de Perfil, Jorge Fonteveccia, se refirió a la nueva etapa que se abre en Hungría a partir de las razones de Mayar para pasar de discípulo a disidente: «Su convocatoria fue combatir la corrupción, mejorar los servicios públicos, y reinsertar al país en el eje democrático occidental cambiando el vínculo con Bruselas (sede de la UE) y ser parte de la OTAN».
A. Marty señaló que Orban fue un defensor de lo que el mismo denominó la «democracia iliberal», doctrina que puso en práctica cambiando la constitución y el diseño del sistema electoral, manipuleando al poder judicial y buscando destruir a la prensa disidente. Su derrota -continuó diciendo- arrastra a la llamada «nueva derecha», los populismos autoritarios que representan los valores del occidente medieval apelando a una cruzada moral que apela a la masculinidad e intenta volver al modelo de mujer pre moderno. Lo que desde la derecha conservadora llaman la «batalla cultural» de la cual Orban era una especie de abanderado en Europa.
De todos modos, sobre las políticas anti inmigración, contrarias al feminismo y anti LGTV de Orban, la analista pone en duda que ocurrirá con ellas dada la orientación de Mayar que no deja de ser la de un nacionalista de derecha.
Por su parte, el experto en política internacional, Jorge Castro, es más pragmático en cuanto a como se va a manejar el ejecutivo húngaro en materia de relaciones exteriores. «Al renovar el vínculo con la Unión Europea, Hungría recibirá 183 millones de euros; pero a la vez Hungría depende del petróleo y del gas ruso», afirmó en su columna para el Canal 26.
«Lo más probable es que Magyar mire a Europa, pero a la vez se acomode con Putín», concluye Castro quien considera que Vance -aún cuando le dio un espaldarazo a Orban- dejó la puerta abierta para construir un buen vínculo con el nuevo gobierno magyar.

(*) Esa especie de alianza conservadora incluye también a Vox en España, el partido de Marianne Le Pen en Francia, Alternativa para Alemania y a la fuerza de Giorgia Meloni en Italia (aunque esta última viene tomando distancia de Trump e incluso felicitó al sucesor de Orban). En los países de la ex órbita soviética, se cuenta entre quienes se mostraron afines a Orban, entre otros los gobiernos de la República Checa y Serbia; así como Benjamín Netanyahu en Israel.
