Max Weber: Los periodistas que viven «de la política», y los de los grandes medios

El sociólogo alemán sostenía que hacer la prensa de un partido político es una tarea enraizada en la democracia moderna. Defendía el trabajo del periodista sometido a presiones, destacando su escaso poder en relación a los “magnates de la industria”.

“El periodista comparte con todos los demás demagogos, como el abogado y el artista; el destino de escapar a toda clasificación social precisa”, decía Max Weber promediando un célebre discurso para estudiantes publicado con el título “La Política como Vocación”.

Para el multifacético intelectual, demagogia no tenía un sentido peyorativo, sino de procedimiento dialéctico del cual no había estado exento ni Pericles.  

En dicha disertación realizada en Munich en 1919 (un año antes de su muerte) Weber, distinguía a los políticos profesionales que viven “para la política” de los que viven “de la política”, deslizando que en algunos casos ambas categorías pueden coexistir.

Con la evolución de la democracia moderna, la política se nutrió de la oratoria y de la palabra escrita, por lo que es indudable el papel clave que fue asumiendo el periodista con perfil de publicista.

El periodismo como actividad –de acuerdo al autor- se desarrolla dentro de una empresa periodística, o respondiendo a un jefe político como difusor de ideas de un partido.

El autor de La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo le prestó especial atención al segundo tipo de periodista tomando en cuenta la dinámica que iban alcanzando los partidos políticos como actores principales de la democracia capitalista. De todos modos, alertaba sobre cierta imagen distorsionada del oficio.

¿Casta paria o individuos valientes?

En principio, Weber se refiere a la reticencia con que la sociedad observa en general a los periodistas, como si fuera una “casta paria a quienes suele juzgar de acuerdo con el comportamiento de sus miembros moralmente peores…Pero no todo el mundo se da cuenta de que una obra periodística realmente buena exige al menos tanto espíritu como cualquier otra obra intelectual, sobre todo si se piensa que hay que realizarla con prisa, por encargo, y para que surta efectos inmediatos. Poca gente sabe apreciar que la responsabilidad del periodista es mucho mayor que la del sabio y que, por término medio, el sentido de la responsabilidad del periodista honrado, en nada le cede a la de cualquier otro intelectual. Nadie -concluye el parrafo- quiere creer que, por lo general, la discreción del buen periodista es mucho mayor que la de las demás personas, y sin embargo así es”.

Si se hace un recorrido por diversos tramos históricos, el periodismo atravesó etapas: de prestigio cuando actúa como “contrapoder” o de manera rigurosa; o al contrario cuando a cambio de una paga, de manera oculta, incurre en tergiversaciones de la realidad.

Weber sostenía que las “tentaciones incomparablemente fuertes” que rodean a la profesión periodística, más las condiciones en que se desarrolla, son los elementos que la tornan sospechosa para el público.

Es decir, el ensayista de Economía y Sociedad, por un lado hace una defensa del rol del periodista en democracia, aludiendo a la situación a la que están expuestos y a las tentaciones como interlocutores del poder; a la vez lanza una mirada pragmática sobre los periodistas que eligen vincularse a una fuerza política, algo que en su concepto, hecho de manera transparente, es una alternativa legítima de ganarse vida.  

Weber luego apunta a la cuestión del destino político de los periodistas, de sus posibilidades de llegar a puestos directivos, y en este punto destaca que “hasta ahora esto sólo ha sido posible dentro del partido socialdemócrata, y aun dentro de él, los puestos de redactores eran más bien de funcionarios y no escalones para conquistar una jefatura”

El mismo inspirador de esta nota había atravesado una experiencia que contó en un artículo del Frankfurter Zaitung:. De joven había votado por los conservadores, después a los demócratas (su padre fue parlamentario de centro derecha), intentó sin éxito obtener un escaño, colaboró con periódicos liberales y con la Constitución de Weimar. «Mas no soy un político activo, ni lo seré», afirmó. En la referida conferencia, MW sostuvo que política «ocasional» -a diferencia de la profesional– hacemos todos: cuando votamos, armamos o decimos un discurso en un acto; protestamos o aplaudimos en un mitin.

Weber fue académico, profesor universitario,sociólogo, escribió sobre política y economía

El político “vivo” y el periodista “gana pan

En definitiva, en la concepción de Weber el periodista es una pieza de la dinámica política que en las democracias más dinámicas protagonizan figuras como -especialmente en Estados Unidos- el “caza votos” y el boss (empresario o abogado con recursos para financiar la estructura política, no necesariamente con dinero propio). Estos personajes, junto a ministros, funcionarios, integrantes de consejos y periodistas, son parte del sistema.

Asimismo, el político –destaca el autor- necesita del contacto con la prensa, en tanto «el periodista suele estar falto de recursos y sometido al inaudito incremento de actividad exigido por la empresa periodística. La necesidad de ganarse el pan con artículos diarios o semanales, dificulta sus movimientos. Por lo tanto, el trabajador del periodismo tiene cada vez menos influencia política, en tanto que el magnate capitalista de la prensa (del tipo, por ejemplo, de un .lord Northcliffe) tiene cada vez más”. Y agregaba que «los grandes consorcios capitalistas de la prensa con una política independiente no tenían nada que ganar y corrían, en cambio, el riesgo de perder la benevolencia económicamente rentable de los poderes políticos establecidos». El negocio entonces estaría condicionado por los auspicios –estatales o privados- y aunque hay que esperar que la gran prensa logrará sustraerse a esa influencia, la situación es mucho más difícil para los pequeños periódicos”.  

La “guerra del sensacionalismo”

Weber recordaba que durante la guerra –y a posteriori- fueron los periódicos de peor fama los que intentaron y consiguieron una mayor tirada. «Las personas que así actuaron, editores y reporteros sensacionalistas, tal vez hayan conseguido de este modo dinero, pero seguramente no han conseguido honra».

El autor epicentro de esta nota insistía en que la carrera periodística es una de las más importantes vías para la profesionalidad política, aunque –salvo excepciones- no de la jefatura.

El conferencista expresaba como “artículo de fe” en la misión periodística que, “a diferencia de la del científico, la vida del periodista es azarosa… rodeada de condiciones que ponen a prueba su seguridad…”, acotando sobre la hipocresía de los que en los grandes salones halagan a los periodistas (por temor a ser evidenciados) y cuando estos últimos se van «se refieren a ellos como pillos de la prensa”, concluyendo que no es ninguna bagatela tener que responder convincentemente sobre todos y cada uno de los asuntos que el mercado reclama, acerca de todos los problemas imaginables… Lo asombroso entonces no es que haya muchos periodistas humanamente descarriados o despreciables, sino que, pese a todo, se encuentre entre ellos un número mucho mayor de lo que la gente cree de hombres valiosos y realmente auténticos”.

¿Vigencia en la “era digital”?

El periodismo sigue siendo una profesión mal paga, muy influida por los intereses que se mueven a su alrededor.

En tal sentido, por ejemplo en la Argentina abundan los testimonios sobre grandes profesionales que cumplían un turno como agente de prensa y otro en una publicación o emisora como periodistas.

Actualmente los multimedios suelen emplear full time a sus dependientes, pero son pocos los que gozan de tal status.

Por otra parte, el  discurso político no tiene la importancia de hace décadas, sobre todo a partir de las redes sociales.

Y más que magnates de la prensa, existen empresarios que invierten en medios, muchas veces procedentes de otros ámbitos.

En las democracias liberales el periodista tiene margen para ejercer la libertad de expresión, pero la diferencia entre grandes y pequeños medios sigue siendo relevante; y al discurso periodístico se lo observa muy condicionado. En algunos países la vida de los periodistas de investigación o denuncia corren serio peligro y las estadísticas de homicidios es aterradora.  

En cuanto al periodista-político muchas veces lo primero es plataforma para lo segundo, pero más que por afinidad ideológica por oportunismo; y porque la financiación de la política es mucho más generosa que la de los medios

Segundo Figarillo

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